“El hecho de que seamos responsables del mundo en su totalidad, y en medida mucho mayor de lo que admite nuestra sabiduría escolar, es por el momento casi inconcebible, y sólo podremos cobrar conciencia de ese hecho lentamente y mediante un profundo estudio de la comunicación humana, un estudio que abarque muchas disciplinas particulares que hasta ahora se consideran desligadas las unas de las otras o en general han sido desatendidas.”
Profecías que se Autocumplen”, Paul Watzlawick. En “La Realidad Inventada”. P.Watzlawick y otros. Gedisa editorial. Argentina. 198…
Si un físico teórico centrara su explicación sobre la teoría, por ejemplo, de la velocidad, o el roce, a partir de un automóvil que se mueve en sentido horizontal, utilizando antecedentes sobre la composición y estructura de las piezas (metal, aceites, gomas) llegaría seguramente a conclusiones que permitirían considerarlo, en el mejor de los casos, un hábil ingeniero mecánico.
Sin embargo, en el estudio de las comunicaciones humanas se monta toda la estructura teórica sobre el lenguaje y su mecánica.
Toda la investigación es realizada desde el ámbito de la semiótica, lingüística, alguna de las ciencias matemáticas, técnicas marginales en la pragmática de la salud o cualquiera en la que el uso de signos permita comunicar. El factor humano queda fuera.
El conductismo transformó los signos externos de los actos para la sobrevivencia, alimentación y otros vitales en animales de experimentación, en teorías de la conducta aplicables a los humanos. Sin duda, otro aporte en esa orientación fue, no sólo en la psicología clínica, la teoría de los reflejos.
La teoría de las comunicaciones está construida sobre un deforme edificio de paradigmas y modelos en los que el individuo comunicador es uno más de los artefactos operantes.
Los análisis teóricos y pragmáticos del funcionamiento y uso del mensaje en los procesos comunicativos se asientan en las características mecánicas y estructura lingüística. Utilizando un cómodo término médico, la anamnesis de la comunicación identifica mecanismos externos a los individuos que participan en el proceso obteniendo resultados que, al dejar fuera al individuo que comunica o recepciona, impiden no sólo la comprensión del proceso comunicativo en toda su complejidad sino que - lo realmente grave - ignoran el sujeto y objeto primario de la comunicación.
Este enfoque excluyente impide diagnósticos que permitan un conocimiento de mejor calidad y, en el mismo proceso, posibiliten el conocimiento de las leyes que rigen la conducta comunicativa de medios e individuos en todas las áreas del conocimiento, en todos los actos y funcionamiento de las sociedades humanas.
Ciertas conductas alimenticias determinan el origen de graves enfermedades que pueden causar la muerte. La obesidad se asocia a diabetes, hipertensión arterial, arteriosclerosis, patologías músculoesqueléticas, entre otras. Un obeso, con su sola presencia, le está comunicando a su médico un estado de sanidad claramente definido. La comunicación entre el obeso y el médico resulta perfecta a ese nivel, incluso si ambos manejaran distintos idiomas.
En estos casos médico y paciente hablan el mismo idioma, pero distinto lenguaje. Los une para comunicarse el saber del médico sobre la gordura y las estructura física del paciente.
Pero el sencillo acto de intentar conocer el porqué de esa obesidad, rompe el perfecto modelo de comunicación. Porque “mucho” tiene valores diferentes para uno y otro. Y si es diferente “mucho”, es diferente “poco” y “tiempo” de y en las comidas, y “abundante”, en fin, todo lo que su cultura les permita transmitir, recepcionar y responder.
Para determinar una terapia, un sistema de alimentación y medicamentoso que libre el obeso de la muerte, el médico debe manejar un sistema de comunicación que le permita diseñar el programa en función de los códigos del enfermo.
La comunicación funcionará si, al preguntar el médico cuánto pan come, y el obeso responde “poco”, el concepto lingüístico se transforme en un código mensurable por ambos conocido. Dos, tres, cuatro “marraquetas”, por ejemplo.
Todo proceso de comunicación resulta exitoso y genera resultados positivos cuando las partes llegan a una codificación comprendida por ambos. Y, por supuesto, cuando estos códigos identifican específicamente el asunto que provoca la comunicación y el resultado que se espera del proceso. Asimismo, el proceso será exitoso en la medida en que se manejen no sólo los códigos del otro, sino que se tenga un conocimiento lo más integral posible de quién es el otro.
Nuevamente “el factor humano” como nudo central de todo.
Medwave. Año 2, No. 5, Edición Junio 2002. Derechos Reservados.