La búsqueda de inteligencia extraterrestre

Dr. Sergio Pescio Suau
Edición mayo 2001

¿Es la creencia en que no estamos solos en el universo sólo materia de preocupación de buscadores de ovnis u otros seudocientíficos o metafísicos? ¿Está la ciencia ocupada de este tema y cuál es su enfoque del mismo?

En primer lugar, que la ciencia no descarta la posibilidad de la existencia de vida inteligente fuera de nuestro planeta, lo testimonian hechos concretos. En 1972 y 1973 se enviaron hacia los planetas exteriores del sistema solar las sondas Pioneer 10 y 11, llevando en su interior sendas placas metálicas con imágenes grabadas de un hombre y una mujer desnudos, un esquema explicativo de la posición de la Tierra con relación al centro de nuestra galaxia y con 14 púlsares (estrellas de neutrones que emiten señales de radio periódicas y que deberían ser fácilmente ubicables por una cultura al menos tan avanzada como la nuestra).

Luego, en 1974 el radioastrónomo Frank Drake utilizó el gran radiotelescopio de Arecibo en Puerto Rico para enviar un mensaje en código binario hacia un cúmulo estelar globular situado en la constelación de Hércules, conteniendo nuestro código numérico, los números atómicos de 5 elementos claves para la existencia de vida en nuestro planeta, la fórmula del ADN, números que expresan nuestra estatura promedio, el número de habitantes de la Tierra, un bosquejo de nuestro sistema solar destacando su tercer planeta y finalmente, un dibujo del aparato que envió el mensaje. El único detalle es que el cúmulo globular dista 24.000 años luz de nosotros y por tanto demorará esos años en llegar, y si es recibido, entendido y respondido, tardará otros tantos en volver a este planeta.

En otro gesto audaz, en 1977, las sondas Voyager 1 y 2, también enviadas para que salgan del sistema solar, llevan un video – disco con imágenes y sonidos de la Tierra junto con un mapa descriptivo a grandes rasgos de nuestro planeta. Estas sondas y su contenido al no estar sometidas más que a los rayos cósmicos y al impacto de micrometeoritos, están programadas para durar millones de años, con toda seguridad se acabará primero nuestra civilización, y puede ser que cuando alguien las encuentre sean sólo un testimonio fósil de nosotros.

Todo esto indica evidentemente que la ciencia, si bien estima improbable, al menos en el corto plazo, un contacto con entes extraterrestres, no descarta que ello pueda ocurrir algún día. ¿Cómo puede calcularse la probabilidad de establecer comunicación con inteligencias extraplanetarias?

En 1961, el astrónomo Frank Drake propuso una fórmula matemática de 7 factores para determinar cuántas civilizaciones capaces de comunicarse podrían existir en la Vía Láctea (nuestra galaxia):

N = R* x Fp x Ne x Fl x Fi x Fc x L

N = Nº de civilizaciones capaces de comunicarse (vía ondas de radio).

R* = Nº de estrellas de la galaxia, aproximadamente 4 x 10 ¹¹.

Fp = Estrellas que desarrollan sistemas planetarios. Los conocimientos actuales nos dicen que esto puede ser bastante corriente, y por tanto su valor puede estar entre ⅓ y 1.

Ne = Planetas con un ambiente capaz de originar alguna forma de vida. En nuestro propio sistema estelar hay varios cuerpos que podrían ser adecuados para el surgimiento de la vida, aparte de la Tierra tenemos a Marte, Europa (satélite de Júpiter) y Titán (satélite de Saturno). Por tanto, el valor de este factor podría estar entre 1 y 2.

Fl = Planetas en que la vida realmente se ha desarrollado al menos una vez. Esto es, por cierto, altamente especulativo, pero muchos piensan que la vida aparece con relativa facilidad si se dan las condiciones para ello, como en la Tierra, por ejemplo. Luego el valor estaría entre ⅓ y 1.

Fi = Planetas en que la vida evolucionó a formas inteligentes. Aquí la controversia es mucho mayor considerando los muchos pasos aleatorios que debieron darse en nuestra propia evolución biológica y en la historia humana. Los valores irían de 0,1 a 0,01.

Fc = Planetas con inteligencias que desarrollan tecnología apropiada para comunicarse con otros mundos ( radioastronomía) y que, además, quieran hacerlo. Tal como el factor anterior, esto es altamente especulativo y controversial ya que sólo contamos con un planeta para referencias. Su valor mas aceptado está entre 0,1 y 0,01.

Hasta aquí la fórmula nos da un nº de 1.000 millones de planetas en que ha aparecido por lo menos una vez una civilización técnica, pero esto no quiere decir que ahora existen en la galaxia esa cantidad de civilizaciones. Aquí entra el último factor:

L = Porcentaje de la vida de un planeta marcado por una civilización técnica. La Tierra tiene una existencia de ≈ 4 mil millones de años y sólo hace unos 60 años estamos enviando señales al universo con el radar, el radiotelescopio y la televisión ( quizás es por culpa de ésta que los extraterrestres no quieran comunicarse con nosotros, deben pensar que todos somos idiotas ). Además está la posibilidad real que una civilización técnica sea destruida por su propia tecnología, cosa que puede ocurrirle a la tierra en cualquier momento. Entonces tenemos que basándonos de nuevo en la Tierra, L = 0,00000001.

Entonces, N = N* x Fp x Ne x Fl x Fi x Fc x L ≈ 10 y 100 (o más).

Otro aspecto también involucrado en el factor L y que dificulta la comunicación está en las enormes distancias involucradas, nuestra galaxia tiene un diámetro de 100.000 años luz, un mensaje que cruzara de extremo a extremo tardaría 100.000 años en ir y otro tanto en volver.

Según Drake, las civilizaciones estarían separadas por cientos de años luz, por tanto comunicarse con ellas va a demorar siglos tanto para recibir como para emitir mensajes. No obstante, mientras más antigua sea una civilización técnica, mayores son sus posibilidades de comunicar señales de su existencia, ya que éstas se han expandido a mayor distancia de su origen.

Según Carl Sagan, famoso astrofísico norteamericano, si bien es preocupante la posible falta de confianza en los primeros factores de la ecuación de Drake, que dependen de la astronomía, la química orgánica y la biología evolutiva, la principal incertidumbre afecta a la economía, la política y lo que en nuestro planeta se denomina naturaleza humana. Parece claro que si la autodestrucción no es lo predominante en las civilizaciones galácticas, el espacio debiera contener sus mensajes y el sólo hecho de recibirlos, aunque no lográramos descifrarlos implicaría que es posible sobrevivir con una civilización en adolescencia tecnológica.

Resulta lógico, dado que somos muy nuevos en radioastronomía que, más que mandar señales, escuchemos lo que nos podría llegar. Precisamente eso es lo que la N.A.S.A. está realizando desde los años 90 con el proyecto S.E.T.I. (Search for Extraterrestrial Intelligence) que consiste en el análisis de las emisiones de radio en las frecuencias del hidrógeno, hidroxilo y el agua provenientes de más de 800 estrellas similares al Sol que podrían contener mensajes inteligentes provenientes de alguna civilización avanzada.

Para ello se ha dispuesto de grandes radiotelescopios y computadoras para procesar miles de millones de combinaciones posibles, pero como aún así no hay capacidad suficiente, la N.A.S.A. ha solicitado ayuda para esta tarea titánica y Ud. colega, amigo lector, puede tener la ocasión de inscribir su nombre en la Historia Universal participando con su computador en el análisis de estas señales. Para ello, a través de Internet, ingrese al sitio www.nasa.gov, allí busque el proyecto SETI y sabrá como participar. ¿Por qué no podría ser Ud. el terrícola que descubrió el primer mensaje alienígena de la historia humana? Buena suerte.

(Edición mayo 2001)

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