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Actas de Reuniones Clínicas
Medwave 2009 Abr;9(4):e3859 doi: 10.5867/medwave.2009.04.3859
La historia de la mujer y la pediatría
The history of women and pediatrics
Francisco Moraga Mardones

Resumen

Este texto completo es una transcripción editada y revisada de una conferencia dictada en el XVII Curso de Extensión de Pediatría, organizado por el Servicio de Pediatría del Hospital Clínico San Borja Arriarán, el Departamento de Pediatría Centro de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, el Servicio de Salud Metropolitano Central y la Dirección de Atención Primaria. Se realizó entre el 01 de abril y el 25 de noviembre de 2008 y sus directores fueron el Dr. Francisco Barrera y la Dra. Cristina Casado.


 
Introducción

Es difícil hacer una recopilación exacta de los hitos históricos de la Mujer, porque los Hombres crearon la historia y dejaron fuera, sistemáticamente, el reconocimiento a la labor de su contraparte femenina en todos los campos, incluyendo el de la Medicina y por supuesto, de la Pediatría. En esta presentación se revisará este tema desde dos puntos de vista:

  1. El rol de la mujer en la historia de la Pediatría: mujeres pediatras y aquellas que sin serlo hicieron un aporte a la especialidad y a la comprensión del mundo infantojuvenil.
  2. El rol de la mujer en la historia del Niño: mujeres que son la primera pediatra del niño y su rol en el neurodesarrollo y adquisición de habilidades para la vida.

La mujer en la historia

La Venus de Willendorff (30.000 AC), una de las primeras representaciones gráficas de la maternidad, demuestra cómo en el curso de la historia siempre se ha atribuido a la mujer los roles relacionados con la mantención de la especie, destacando su capacidad para procrear, alimentar, cuidar y proteger al niño. Lo mismo se encuentra en otras representaciones escultóricas y pictóricas de la antigüedad (Fig. 1).

Figura 1. Representaciones de la mujer en la antigüedad.

Higía, hija de Asclepio- Esculapio, aparece en la mitología griega como la diosa de la curación, la limpieza y la sanidad; de su nombre deriva la palabra “higiene” y se la representa como una mujer joven alimentando a una gran serpiente enroscada en torno a su cuerpo. Panacea, también hija de Esculapio, era la diosa de la Salud: tenía la capacidad de curar todos los males con hierbas y ungüentos, siguiendo la tradición de su padre y su abuelo, Apolo. De hecho los tres son nombrados en el juramento hipocrático, que data de 460 A.C. y establece los principios éticos del actuar de los médicos.

Aspasia de Mileto aparece en esa época como una figura muy controvertida; era la esposa de Pericles, pero algunos escritos señalan que era una hetaira, mientras que en otros se la describe como una mujer brillante, capaz de competir con los más grandes filósofos de la época, que habría dado origen a una corriente de pensamiento que elevaba a las mujeres a un plano de igualdad con los hombres y era venerada como una gran sacerdotisa por sus amplios conocimientos sobre los poderes curativos.

Después se produce un gran salto en la línea del tiempo, un largo período en el que no existen registros sobre el aporte de las mujeres hasta el año 1000, en que María la Judía, una alquimista, inventó el baño María, que se utiliza desde entonces para desinfectar y preparar alimentos evitando el desarrollo de ciertas enfermedades.

Trótula de Salermo (1097) fue la primera ginecóloga de la historia y elaboró un tratado de los sufrimientos de la mujer antes, durante y después del parto: De Passionibus mulierum ante, in et post Jartum, un clásico de la época.

Heldivis (1136) fue la primera mujer reconocida con el título de médico propiamente tal en el norte de Europa, en una época en que tanto la autoridades civiles como la Iglesia trataban de mantener a la mujer relegada en los espacios menos relevantes; de hecho en 1190 se creó el cinturón de castidad, que causó muchas muertes por sepsis de origen ginecológico.

Hildegarda de Bingen (1147-48) fue reconocida como médica por el Papa Eugenio III en el sínodo de Tréveris, afirmando que “cuando Adán miró a Eva, quedó lleno de sabiduría”. Que la iglesia reconociera la sabiduría en una mujer y además le otorgara el carácter de médico fue algo notable en ese momento.

Magistra Hersend (1248), en una época en que la Iglesia y los Reyes compartían el poder, acompañó como médico personal a Luís IV durante las Cruzadas en Tierra Santa. En esa época aparece el matrimonio como un sacramento, hecho importante porque hasta entonces no se reconocía que la mujer tuviera alma.

En 1311, en Frankfurt había quince mujeres ejerciendo la Medicina, mientras que en Francia se perseguía a las mujeres médicas. La Inquisición (1320-1813) consideraba diabólicas a todas las mujeres que tuvieran algún grado de conocimiento del cuerpo humano y practicó la eliminación física de ellas durante muchos años: la quema de brujas recién se acabó alrededor del año 1500.

En el Renacimiento (1453), uno de los hitos con respecto al estado de la mujer y los niños fue la aceptación de las madres que tenían hijos en situación irregular, es decir, fuera del matrimonio o en circunstancias de concubinato. Hasta entonces la visión de la vida era teocrática: el ser humano estaba en la Tierra para sufrir, sin esperanza de otra vía de trascendencia; en ese momento se comenzó a imponer la visión humanista, con el hombre en el centro del mundo y el niño empieza a aparecer como sujeto de derechos. Antes a nadie le importaba que un niño muriera. En 1445 se fundó L´Ospedale degli Innocenti (El Hospital de los Inocentes) en Florencia, un verdadero símbolo del renacimiento italiano que cambió la concepción de los hospitales, los abrió a la comunidad y creó este lugar en el que se recibía a niños expósitos, huérfanos y abandonados para entregarlos a mujeres que se dedicaban específicamente a cuidarlos. En la siguiente imagen se observa L´Ospedale degli Innocenti, que también marcó un hito en términos arquitectónicos. Tenía en su fachada como símbolo a un niño pequeño, imagen que hasta ahora utilizan muchas Sociedades de Pediatría (Fig. 2).

Figura 2. L´Ospedale degli Innocenti, Florencia.

Catalina de Bustamante (1528), una profesora que llegó a Las Indias junto a Hernán Cortés, fue la primera maestra del colegio de niños indígenas en las nuevas tierras descubiertas por los colonizadores españoles.

En el siglo XVI ocurrió el hecho que dio inicio a la Salud Pública en Europa: Enrique VIII instituyó el registro de bautizos, nacimientos y muertes, que se extendió rápidamente a otros países y permitió hacer comparaciones y establecer las primeras políticas de salud hacia la población en general y hacia los niños en particular.

Isabel Bravo (1568), que vivió en Chile en los años de la Conquista, fue la primera mujer en ejercer la profesión de comadrona, titulada en Lima por el médico Francisco Gutiérrez. La comadrona se hacía cargo no solamente del parto sino del cuidado del recién nacido. En esa época, en 1563, el Concilio de Trento declaró, por fallo dividido, que la mujer tiene alma, aunque algunos Papas ya lo habían reconocido.

Olivia Sabuco de Nantes (1587) también se perdió en la historia, pero ella estableció la transmisión del impulso nervioso en un estudio realmente sorprendente para la época, que sin embargo fue quemado y olvidado. Todos sus logros se atribuyeron a hombres que estudiaron en esa época. Fue una mujer brillante, capaz de rebatir a muchos hombres que en ese tiempo se consideraban genios de la filosofía y del conocimiento.

En el transcurso de los siglos XVII y XVIII se registró cada vez más el aporte de distintas mujeres en áreas importantes del conocimiento, como la química y la física. Recién en 1682 terminó la caza de brujas, pero en muchos lugares ya había comenzado la lucha por los derechos femeninos con el apoyo de algunos distinguidos varones. Se puede mencionar a María Mitchel (1847), astrónoma, primera mujer en ingresar a la Academia de Ciencias de Estados Unidos; y a Hubertine Auclert (1885), candidata parlamentaria francesa (ilegal) que planteó el concepto de Estado Madre para la protección de la niñez.

En el siglo XIX (1887) aparecieron las primeras médicas latinoamericanas. Para los chilenos, la primera mujer médica de la región fue Eloisa Díaz Insunza (1887); para los brasileños, Rita Lobato Bello (1886) y para los mexicanos, Matilde Montoya. En Chile, en el año 1922, veintinueve connotados médicos, entre ellos tres mujeres, Eloísa Díaz, Cora Meyers y Ernestina Peña, constituyeron la Sociedad Chilena de Pediatría. Todo esto ocurrió a medida que grandes pensadores, la Iglesia y la sociedad reconocían progresivamente la importancia de solucionar los problemas de la mujer: en 1803 se dictó la primera legislación secular antiaborto; en 1869 la Iglesia calificó al aborto como pecado y homicidio; en 1884, Federico Engels publicó su obra “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado”, y en 1896, la francesa Alice Guy-Blanche realizó la primera película de argumento del cine, Fée aux choux.

Mileva Maric (1901), esposa de Albert Einstein, tuvo gran parte del mérito que se atribuyó a este hombre, como él mismo reconoció muchos años después de obtener sus premios, a pesar de lo cual fue él quien pasó a la historia y no Mileva. Lo mismo pasó con Madame Curie (1903-1911), que obtuvo dos premios Nóbel junto a su esposo, pero aparentemente ella hizo la mayor parte del trabajo. Paralelamente, en 1904, Madame de Broutelles instauró el premio literario Femina; en 1906, Gabriela Mistral declaró que “la instrucción de la mujer es una obra magna que lleva en sí la reforma de todo un sexo”; y en 1906 Selma Lagerloff obtuvo el Premio Nobel de Literatura, casi al mismo tiempo en que Nettie Stevens demostró que el sexo del embrión está determinado por el cromosoma del espermatozoide.

En tiempos más modernos, en 1931 Marie Stopes declaró que “las mujeres serán libres cuando tengan el poder de controlar sus propios cuerpos y fertilidad”, al fundar el primer Centro de Planificación Familiar británico, aunque recién en 1958 se aceptó el voto femenino, si bien en 1947 Eleanor Roosvelt había participado en la elaboración de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. En 1990, Mary Robinson, Presidenta de Irlanda, declaró: “felicito a las mujeres que en vez de mecer la cuna han sacudido el sistema” y en 1975 se declaró el Año Internacional de la Mujer y Decenio de la Mujer.

Finalmente, en el año 2006 Michelle Bachelet Jeria llegó a ser Presidenta de la República de Chile, siendo la primera pediatra en llegar ese cargo.

Muchas mujeres han tenido relevancia en Chile, pero de acuerdo a múltiples encuestas, las que más se han destacado en distintas esferas y actividades socioeconómicas y culturales son las siguientes:

  1. Santa Teresa de los Andes (Juana Enriqueta Josefina de los Sagrados Corazones Fernández Solar. Santiago, 13 julio 1900 - Los Andes, 12 abril 1920)
  2. Inés Leonor Enríquez Frödden (Concepción 11 noviembre 1913 – Santiago, 15 agosto 1998).
  3. Lenka Franulic Zlatar (Antofagasta, 22 julio 1908 - Santiago, 25 mayo 1961)
  4. Amanda Labarca Huberston (Amanda Pinto Sepúlveda. Santiago, 5 diciembre 1886- 2 enero 1975).
  5. Anita Lizana de Ellis, (Santiago, 19 Noviembre 1915 - Ferdown, Escocia, 21 agosto 1994).
  6. Rebeca Matte Bello, (29 octubre 1875 - París, 15 mayo 1929).
  7. Gabriela Mistral, (Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga, Vicuña, 7 abril 1889 - Nueva York, 10 enero 1957).
  8. Violeta del Carmen Parra Sandoval (San Carlos de Itihue, 4 octubre 1917 - Santiago, 5 febrero 1967).
  9. Rosa Amelia Renard Artigas (Santiago, 8 febrero 1894 - Santiago, 24 mayo 1949).
  10. Sola Ángela Sierra Henríquez (Santiago, 1 diciembre 1935 – Santiago, 8 julio 1999).
  11. Verónica Michelle Bachelet Jeria (Santiago, 29 septiembre 1951).
  12. Eloísa Raquel Díaz Inzunza (Santiago, 25 junio 1866 – Santiago, 1 noviembre 1950) (Fig. 3).

Figura 3. Doce mujeres destacadas en la historia de Chile.

La mujer en la historia de la Pediatría en Chile

La Casa de Huérfanos es uno de los grandes hitos que se establece en Chile. Igual que el hospital de Florencia, tenía una inscripción del salmo 26 de la Biblia en latín que rezaba “mi padre y mi madre me abandonaron, la gracia del señor me ha protegido”; en 1626, el Alférez General Diego Jaraquemada, alcalde, encarga a Isabel Benítez su creación.

En 1698 el Gobernador Tomás Marín de Poveda apoyó a Margarita Briones para formar un Monasterio de Carmelitas, pero como había muchas congregaciones religiosas finalmente la iniciativa derivó en la creación de un colegio para niñas huérfanas, que funcionó en forma irregular debido a las frecuentes epidemias que había en esa época.

En 1761, Juan Nicolás de Aguirre, Marqués de Montepío creó el Hospicio de pobres, hospital de expósitos y recogimiento de mujeres arrepentidas. El Hospicio funcionó entre las actuales calles San Martín, que en ese tiempo se llamaba Baratillos, Manuel Rodríguez y Agustinas, en la calle que desde entonces lleva el nombre de calle Huérfanos. Para poder sostener esto Ignacia de Ascendegui consiguió que el cuarto de juego de la lotería se le diera para la mantención de este hospital. En 1831 se demolió y se traspasó la deuda a testamento de Matilde Salamanca, una mujer muy instruida que celebraba grandes tertulias y recibía a los más ilustres pensadores de la época, pero murió sin tener descendencia y legó todos sus bienes a su alma, por lo que fueron administrados por el Obispo hasta que llegó la Independencia y O´higgins hizo que se traspasara la deuda de funcionamiento a ese erario. Hoy en día existen otras instituciones encargadas de lo mismo, en mejores condiciones.

El 3 de junio de 1771 se creó el hospital San Francisco de Borja, debido a la necesidad de sacar a las mujeres del hospital San Juan de Dios, donde convivían con los hombres en forma muy cercana y sin la cantidad necesaria de enfermeras; así nació el primer hospital de mujeres, con cincuenta camas en tres salas en las dependencias del ex noviciado jesuita. El 8 de marzo de 1782 se efectuó la inauguración formal, con Diego Portales Andía e Irarrázabal como Mayordomo, José Antonio Ríos como el primer médico y José Llenes como cirujano. Ambos pasaban visita a las seis de la mañana y a las cuatro de la tarde en verano, dos veces al día, y a las siete de la mañana y quince horas en invierno. La primera paciente fue Tomasa Pérez, enferma de chavalongo; la primera enfermera, Petronila Solís y Pascuala Cuevas fue la primera batchillona, como se llamaba a las mujeres encargadas del aseo, cuidado y vigilancia de cada sala. Las primeras parteras fueron Tránsito Muchel y Josefa Orrego, que duraron muy poco en sus cargos porque tuvieron pésimos resultados.

A continuación se mencionará a algunas grandes mujeres que se relacionaron de alguna forma con la atención médica de los niños.

Mujeres en la pediatría

Juana Ross de Edwards (2 agosto 1830 - 25 junio 1913), progenitora de los fundadores del periódico El Mercurio de Valparaíso y El Mercurio de Santiago, heredó mucho dinero después de que falleció su marido y construyó muchos hospitales, entre ellos: Hospital San Agustín de Valparaíso; Hospital San Juan de Dios de Valparaíso; Hospicio de Inválidos de Valparaíso; Hospital y Hospicio de Copiapó; Hospital San Camilo de San Felipe; Hospital San Juan de Dios de la Serena; Hospital Santa Rosa de los Andes; Hospital de Quillota y Hospital Santo Tomás de Limache. Además apoyó a diferentes organizaciones de caridad, como la Congregación de las Hermanas de Providencia, la Congregación del Buen Pastor, la Congregación de los Sagrados Corazones y las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paul, entre otras (Fig. 4).

Figura 4. Juana Ross de Edwards (2 agosto 1830 - 25 junio 1913).

Venerance Morín Rouleau (St. Henri de Lauzon, Quebec, 1832 - Santiago, 1929), una monja de la Congregación de la Divina Providencia que llegó a Chile por casualidad, ya que iba en camino a California y por distintos motivos se quedó en Chile, donde fundó colegios, escuelas y hogares para párvulos, adolescentes y ancianos. Atendió en casas de huérfanos y hospitales y atendió a enfermos y reos de las cárceles. Sin embargo, lo único que la recuerda es una calle y un monolito en Providencia (Fig. 5).

Figura 5. Venerance Morín Rouleau (St. Henri de Lauzon, Quebec, 1832 - Santiago, 1929).

Gabriela Mistral (Vicuña, 7 abril 1889 - Nueva York, 10 enero 1957) creó gran parte de su obra pensando en los niños y la mayor parte de su vida personal y de su tragedia estuvo también relacionada con sus niños. Una de las frases más relevantes que pronunció poco antes de ganar el premio Nóbel debería estar marcada en el corazón de cada pediatra: “muchas cosas que necesitamos pueden esperar, los niños no deben esperar. A ellos no le podemos decir mañana, su nombre es ahora”. La Sociedad Chilena de Pediatría incluye esta frase dentro de todos los documentos oficiales (Fig. 6).

Figura 6. Gabriela Mistral (Vicuña, 7 abril 1889 - Nueva York, 10 enero 1957).

Eloísa Raquel Díaz Inzunza (Santiago, 25 junio 1866 - Santiago, 1 noviembre 1950), la primera médica de Chile, se dedicó fundamentalmente a los niños y fue la primera salubrista del país. En uno de sus célebres escritos habla de la alimentación de los niños pobres. A través del anuario del Ministerio de Instrucción Pública, del cual era la supervisora, denunció el alto nivel de desnutrición de los niños de las escuelas públicas y estableció las bases de los programas de alimentación que tanto impacto tuvieron en la salud de los niños. En su época la mortalidad infantil era muy alta, sin embargo ella tuvo la visión de pensar en el niño como un continuador de la especie, no sólo como un pobre ser necesitado de cuidados, sino como el verdadero tesoro para el futuro de la nación (Fig. 7).

Figura 7. Eloísa Raquel Díaz Inzunza (Santiago, 25 junio 1866 - Santiago, 1 noviembre 1950).

En la siguiente figura se muestra cómo ha aumentado la participación de la mujer en la Pediatría en Chile desde el año 2000, hasta llegar a 2008 en que 58% de los socios de la Sociedad Chilena de Pediatría son mujeres (Fig. 8).

Figura 8. Número de socios que ingresan a la Sociedad Chilena de Pediatría según género.

La mujer en la historia del niño

La mujer cumple una gran cantidad de roles en la historia del niño, tal como cada madre asume múltiples roles en el proceso de crianza. Se sabe que los tres primeros años de vida son fundamentales para el neurodesarrollo y que en éste es importante la base genética, pero la relación estrecha y prácticamente exclusiva que tiene el niño con su madre en ese lapso es determinante para todo el proceso, especialmente lo que ocurre durante la lactancia, que tiene grandes ventajas nutricionales pero probablemente su mayor beneficio sea el contacto afectivo y visual que permite establecer entre la madre y el niño, una experiencia que los hombres nunca podrán experimentar (Fig. 9).

Figura 9. Contacto visual entre la madre y el niño durante la lactancia.

Es importante conocer la evolución epidemiológica de la población en Chile para entender algunas claves de la relación entre padres e hijos en la época actual. Por ejemplo, es importante saber que la tasa de natalidad por quinquenios ha descendido hasta 14,5/1000 habitantes y se proyecta que bajará a 13,8 en el quinquenio 2015-2020; asimismo, la tasa de fecundidad se ha mantenido muy baja, 1,9 hijos por mujer, lo que está muy por debajo del promedio de América Latina y el Caribe. Como consecuencia, la tasa de crecimiento de la población total es una de las menores de la región, con 0,88 de tasa anual media por 100 habitantes en el actual quinquenio, aunque el efecto más notable es el cambio en la estructura de la población: en 1995 la población de 65 años y más era 6,5% y se espera que la cifra se duplique en el año 2020, a expensas de la reducción de la tasa de natalidad.

Esto no se debe a un problema geopolítico, como lo demuestra el hecho de que las naciones vecinas están aumentando rápidamente su población, por ejemplo en Bolivia el número de habitantes aumentó de 10 a 16 millones en un período de 20 años, mientras que en Chile sólo aumentó de 17 millones a 20 y en Perú, de 28 millones a 40 millones. Este crecimiento a la larga es insostenible, porque en algún momento la población activa no será capaz de sostener a la población pasiva. Este cambio en la composición de la población implica que hay menos niños y por lo tanto, cada uno de ellos es considerado por sus familias como más valioso y los padres están más dispuestos a protegerlo y a darle todo lo que pueda necesitar. Esto, en una sociedad de consumo, hace que el niño reciba todo lo que desea sin hacer ningún esfuerzo, a diferencia de lo que ocurrió con sus padres y abuelos que vivieron en una sociedad de penurias, en la que incluso las necesidades básicas se satisfacían a costa de grandes esfuerzos y la frustración y la esperanza eran sentimientos cotidianos. En esa sociedad la relación era vertical, jerárquica y autoritaria y los padres ponían el énfasis en desarrollar las capacidades y conocimientos de los niños mediante métodos rigurosos, más que en entregarles bienes materiales. En la sociedad de consumo, la sociedad de la abundancia, el niño llega a creer que tiene derecho a tenerlo todo sin esfuerzo y cuando no puede conseguir algo no sabe cómo manejar la frustración; por otra parte los padres ya no son exigentes con los niños y desarrollan con ellos una relación en la que quedan despojados de toda autoridad.

El problema es que a medida que el bienestar y la salud física avanzan la salud psíquica decae; por ejemplo, en Chile actualmente 30% de los niños tiene retraso en el desarrollo o el lenguaje, según cifras de la Clínica Las Condes y la Clínica Alemana, mientras que hace veinte años sólo había 10%; también se observa un retraso en la capacidad para resolver problemas y enfrentar conflictos, los niños demoran en crecer, la adolescencia se prolonga, llegan a ser adultos más tarde. El establecer límites es tranquilizador para los niños, pero hoy en día los padres no educan en respetar límites y las consecuencias pueden ser muy serias.

En la Fig. 10 se resume el proceso de individuación del ser humano y el rol que juegan madre y padre dentro de él. La angustia de separación lleva al niño a “defenderse de la madre” y explica las rabietas y el oposicionismo que desarrolla. Los psicólogos explican que “un ser femenino encuentra un sentimiento de potencia al satisfacer las necesidades de un tercero; y el niño es un perfecto tercero con necesidades”; por esto las mujeres siempre se han entregado por entero a satisfacer las necesidades de sus hijos. Sin embargo, el rol paterno ha cambiado: antes él era el sostenedor de la casa, el autoritario y tenía derecho a mostrar un comportamiento jerárquico y egoísta que contrapesaba la enorme disponibilidad femenina. Hoy ese equilibrio se ha perdido porque el padre debe compartir roles con la madre, ya que ella también trabaja y es profesional y ya no es bien visto que él muestre un comportamiento egoísta y autoritario. Todo esto ha sido bueno para el desarrollo del hombre, la mujer y la sociedad, pero ha roto un equilibrio en el desarrollo emocional del niño que es necesario comprender y reparar (Fig. 10).

Figura 10. Claves de los roles materno y paterno en el desarrollo emocional del niño.

Entre los 0 y los 3 años de edad el padre es visto como un sustituto de la madre, de modo que no debe repetir los roles de ésta. El rol paterno a esta edad consiste en ser el amante de la madre, permitir que la madre viva como mujer, que no sea absorbida por la maternidad; la única forma de que este niño, en esta sociedad de consumo, logre mantener el equilibrio es que el padre se preocupe de la madre y la mantenga enamorada, porque de esa forma se recupera ese equilibrio: si el padre se esfuerza por mantener enamorada a la madre el niño deberá compartirla, deberá hacer un esfuerzo para ello y en ese camino va a adquirir capacidades para tolerar su frustración. El niño a esta edad ve al padre a través de los ojos de la madre: para él, el padre se define como “el hombre que le importa a la madre”. En resumen, la mujer es fundamental en el desarrollo del niño en la medida en que se encarga de satisfacer de inmediato sus necesidades, pero el rol del padre también es fundamental, no en su cuidado, pero sí en contrapesar la exagerada dependencia que se genera entre el niño y la madre, de modo que el niño aprenda a contener las pulsiones de violencia y frustración y logre aplicar estas habilidades en su vida futura.

Para finalizar, el poema de Sarmiento titulado “Mujer…naturalmente”

Dicen que la acuarela es la novia del paisaje
que la mujer, la naturaleza hecha mensaje...

Dicen, que su ternura doblega
que su regazo es reposo,
sus labios una colmena que con dulzura entrega,
para hacer de un hombre
un esposo... un colega.

Dicen que la naturaleza es Madre
y que la Madre Mujer
Que la acuarela es la novia del paisaje
que la Mujer su mensaje...

Quisiera poder pintar con vívidos colores
la belleza hecha Mujer, la naturaleza en estado
Mas no creo poder plasmar en papel, pared o lienzo
A quien ya tengo labrada en mi memoria
Y es en todo lo que pienso...

Figura 1. Representaciones de la mujer en la antigüedad.
Figura 2. L´Ospedale degli Innocenti, Florencia.
Figura 3. Doce mujeres destacadas en la historia de Chile.
Figura 4. Juana Ross de Edwards (2 agosto 1830 - 25 junio 1913).
Figura 5. Venerance Morín Rouleau (St. Henri de Lauzon, Quebec, 1832 - Santiago, 1929).
Figura 6. Gabriela Mistral (Vicuña, 7 abril 1889 - Nueva York, 10 enero 1957).
Figura 7. Eloísa Raquel Díaz Inzunza (Santiago, 25 junio 1866 - Santiago, 1 noviembre 1950).
Figura 8. Número de socios que ingresan a la Sociedad Chilena de Pediatría según género.
Figura 9. Contacto visual entre la madre y el niño durante la lactancia.
Figura 10. Claves de los roles materno y paterno en el desarrollo emocional del niño.
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Este texto completo es una transcripción editada y revisada de una conferencia dictada en el XVII Curso de Extensión de Pediatría, organizado por el Servicio de Pediatría del Hospital Clínico San Borja Arriarán, el Departamento de Pediatría Centro de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, el Servicio de Salud Metropolitano Central y la Dirección de Atención Primaria. Se realizó entre el 01 de abril y el 25 de noviembre de 2008 y sus directores fueron el Dr. Francisco Barrera y la Dra. Cristina Casado.

Autor: Francisco Moraga Mardones[1]

Filiación:
[1] Hospital Clínico San Borja-Arriarán, Santiago, Chile

Citación: Moraga F. The history of women and pediatrics. Medwave 2009 Abr;9(4):e3859 doi: 10.5867/medwave.2009.04.3859

Fecha de publicación: 1/4/2009

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