Los Niños y la Televisión

Dra. María José Parodi E., Becada de Pediatría, Universidad de Chile, Hospital San Borja Arriarán, Santiago

Introducción

Los primeros intentos de trasmitir imágenes a distancia datan de los años 20, en Estados Unidos y Europa; en los años 40 comienza la fabricación seriada de aparatos domésticos para uso familiar; en el año 41 la Federal Communications Commission (FCC) autoriza la televisión comercial; y en los años 50 se convierte en un medio de comunicación masivo, inicialmente con pequeñas áreas de cobertura y se incorpora el color, lo que la hace más interesante. Paralelo a la extensión en distancia se produce un aumento en la inversión publicitaria, que de 10 millones de dólares, en 1950, alcanza a 1.500 millones, en 1960. En Chile, en el año 60 la televisión se masifica hasta llegar a la situación actual de omnipresencia, con 2 a 3 televisores por familia. Hay grandes expectativas en relación a lo cultural y educativo y el rol de las Universidades y el Estado es preponderante en los inicios; sin embargo, poco a poco se introducen los canales privados, aparece el people meter y empieza a predominar el aspecto comercial.

Las funciones que se han atribuido a la televisión son: entregar información; permitir diversión y socialización; estimular la fantasía y la imaginación; favorecer el diálogo y el aprendizaje; y promover la incorporación al grupo cultural, ya que presenta las normas y conductas por las que éste se rige (Anales Españoles Pediatría 1997). En este sentido, los niños y adolescentes tienen características propias, dadas por su etapa de desarrollo neurológico, mental y social, que les hace especialmente vulnerables a la influencia de TV: los niños menores de 5 años tienen dificultad para diferenciar entre la fantasía y la realidad, por lo tanto perciben las imágenes de la pantalla como si fueran reales; bajo los 10 años de edad la capacidad de razonamiento aún está algo limitada; y la adolescencia temprana es una etapa de desorganización de la personalidad y de inestabilidad de las conductas, en donde la dinámica central está dada por la necesidad de encontrarse a sí mismo y definir la identidad de grupo. La influencia negativa de la TV en esta etapa está dada porque los programas en general comunican una visión irreal del mundo y de las formas de resolución de conflictos.

Consumo y hábitos televisivos

Los datos sobre consumo de TV en los niños son sorprendentes: 85% de los niños ve televisión antes de los 3 años, lo que se asocia a disminución de las actividades que habitualmente propician el desarrollo del SNC, como leer, escuchar música, cantar y jugar, con aumento concomitante de las actividades sedentarias. La televisión se convierte en la principal actividad de ocio en los niños, después de dormir y el incremento en el tiempo dedicado a ver televisión hace que se produzca una disminución en el hábito de lectura y en el tiempo dedicado a trabajo, tareas, actividades deportivas, juegos y comunicación familiar (Children, adolescents, and television. Pediatrics 2001).

Un 50% de los preescolares ve 9 horas de televisión a la semana, cifra que en los escolares y adolescentes aumenta a 10 y hasta 15 horas, lo que ha ido en aumento en los últimos años, de modo que actualmente ven televisión entre 3 y 4 horas diarias. El consumo aumenta con la edad y en los adolescentes puede aparecer la tele-adicción, definida como ver más de 6 horas diarias de televisión al día, cantidad de horas que se dobla si se considera todo el tiempo que están frente a una pantalla y que incluye play station, computador y juegos electrónicos (Fig. 1).

Figura 1. Fracción de niños que ve televisión una cantidad de horas semanales igual o mayor que determinado tiempo

Estadísticas de Europa y Estados Unidos indican que el porcentaje de niños de 11 años que ven más de 4 horas de televisión por día, en los días de semana, es impresionante: en Israel y Ucrania es más de 50% y esto aumenta durante el fin de semana (Currie et al, 2004). En la Fig. 2, las barras negras corresponden a los niños de 11 años que ven televisión los días de semana y las grises, a los que lo hacen los fines de semana.

Figura 2. Tiempo diario promedio de consumo de televisión en niños de 11 años (adaptado de Klocke, 2002 en Int J Hyg Environ. Health 2007, 210:555–62)

En Chile, la televisión abierta es el principal medio de consumo entre los menores de 13 años: los niños ven alrededor de 3 a 4 horas de televisión diaria; 68% de los menores de 2 años ve televisión; la mitad de los programas que ven los niños son para adultos, no infantiles; y las teleseries son los programas que más ven los niños de 4 a 14 años.

En un estudio en que se analizó el contenido de lo que habían visto los niños en el último mes, se encontró que 57,7% de ellos había visto programas con contenidos inadecuados, con vocabulario grosero, escenas de sexo, trato discriminatorio y violencia (Consejo Nacional de Televisión (CNTV). Esto es muy preocupante si se considera que en Chile, 95% los hogares tiene por lo menos un aparato de televisión; los canales con programación exclusiva para niños, que son los canales del cable, trasmiten durante las 24 horas; 75% de los niños tiene televisión en su pieza; y la mayoría ve televisión tarde: más de la mitad lo hace entre las 19:00 y las 21:00 horas y alrededor de 30%, después de las 21 horas. El promedio de horas aumenta entre los 2 y los 10 años y después se produce un descenso hasta los 15 años.

A pesar de las recomendaciones de la Academia Americana de Pediatría (AAP), que dice que los niños no deben tener televisión en el dormitorio, en Estados Unidos hay televisores adaptados para estas habitaciones. En un trabajo hecho en Chile en el año 1999, en el que se aplicó una entrevista semi estructurada a 1176 niños y adolescentes de colegios de la Región Metropolitana que cursaban segundo básico, quinto básico y tercero medio, correspondiente a 7, 10 y 14 años de edad, se encontró que 57,1% tenía televisor en su propio dormitorio, 53,6% en la pieza de los padres, 43,7% en otra pieza y 7% en la cocina (CNTV y PUC 1999).

Las razones por las cuales los niños ven televisión, según lo que se describe en la literatura, son: para recreación; para obtener información; para reducir las tensiones; porque la TV es impuesta por el medio; y por falta de alternativas (Pérez León Carmen. Televisión, Violencia y Niños). Sin embargo, en el mismo estudio descrito en el párrafo precedente se preguntó a los niños porqué veían televisión y se encontró que muchos lo hacen porque están aburridos y la mayor parte lo hace porque les gusta y entretiene, pero sólo 7% busca informarse (Tabla I). El aburrimiento es una razón más importante en los escolares de colegios particulares (26%) que en los de colegios municipales (19%) y no tiene que ver con que sea hombre o mujer o con que la familia disponga de TV por cable.

Tabla I. Razones para ver TV según curso, n = 1176 niños y adolescentes de colegios de la Región Metropolitana de segundo y quinto básico y tercero medio (CNTV y PUC, 1999)

Entre los factores que determinan el hábito televisivo en los niños, el primero es la edad: a medida que aumenta la edad, aumenta la cantidad de horas que ven televisión, de modo que casi 10% de los preescolares, 20% de los escolares y 22% de los prepúberes ven más de 3 horas de televisión al día, es decir, más de lo que recomienda la Academia Americana de Pediatría. Otro factor importante es el nivel de educación de los padres: los hijos de padres que tienen sólo estudios primarios ven hasta 7 horas diarias más que los que tienen padres con niveles educativos superiores; además la actitud crítica es diferente: a mayor nivel de educación de los padres, más regulan el contenido que entregan a sus hijos los programas de televisión (An Esp Pediatr 2001 Jan;54(1):44-52; Arch Pediatr Adolesc Med 1997).

La presencia de más de un televisor en la casa también influye en el hábito televisivo: a medida que aumenta la cantidad de televisores en la casa aumenta la probabilidad de que los niños vean TV más de 3 horas al día, ya que se dificulta el control y disciplina por parte de los padres; asimismo, la presencia de televisión en el dormitorio aumenta en 2,5 horas por semana el consumo de TV en los niños, en comparación con los que no tienen televisión en el dormitorio. Finalmente, es importante el control parental: los niños que ven televisión solos pasan 1 hora y 45 minutos más por semana frente a la pantalla, que los niños que ven TV acompañados por sus padres.

Televisión y familia

Dramáticamente, la percepción del hábito de ver televisión por parte de los padres es pobre:

  • 49% de ellos piensa que sus hijos ven poca televisión, sobre todo los menores de 6 años;
  • 70% de los padres no selecciona los programas que ven sus hijos;
  • 20% reconoce que usa la televisión como “niñera”;
  • 48% no son concientes de lo que ven sus niños en la televisión y no lo regulan;
  • 61% los alientan a ver television (TV and children: Is Tv responsible for all the evils attributed to it? Ate Primaria 2000).

Está probado que el hecho de que los padres conversen con sus hijos sobre lo que ven en la televisión es mucho más productivo, pero cuando se analiza el porcentaje en que esto ocurre se encuentra que es bastante bajo: de los niños de segundo básico, casi 36% nunca habla con sus papás de lo que ven en la televisión (Tabla II). En contraste, 75% de los niños comenta los programas con sus amigos (65% de los niños de segundo básico y 85% de los alumnos de primero medio).

Tabla II. Porcentaje de niños que conversan con los padres sobre televisión según curso, sexo y dependencia

Otro aspecto importante es el hecho de que la TV esté siempre encendida, aunque nadie esté viéndola. Un estudio comprobó que en los hogares americanos: la televisión permanece encendida aproximadamente 6 horas al día; 35% de los niños viven en hogares donde la TV está "siempre" o "casi siempre" encendida, aunque nadie la vea; en hogares donde se ve televisión “intensamente", los niños ven más TV y leen menos; la capacidad de concentración y la interacción y juegos con los padres son menores en niños de 12 a 36 meses de edad cuando se mantiene una TV prendida en el fondo, aunque no sea la actividad principal (American Behavioral Scientist 2007). En el estudio de la Universidad Católica, se preguntó por las actividades que los niños realizan en forma paralela a ver televisión y se encontró que casi la mitad siempre almuerzan o cenan viendo TV y casi un tercio comen otra cosa y ven TV al mismo tiempo, hábito que se relaciona también con la obesidad. El porcentaje de niños que estudia mientras ve televisión y el de aquellos cuya primera acción al levantarse es prender la televisión, también es bastante elevado (Tabla III).

Tabla III. Frecuencia de realización de actividades en forma paralela a ver televisión (CNTV y PUC 1999)

En cuanto a la actividad que prefieren realizar los niños en día de semana, sólo 3% prefiere pasear o interactuar con la familia, mientras que alrededor de 30% prefiere ver televisión y 5%, jugar en Internet, cifra que probablemente ha aumentado en forma considerable en los últimos años.

Tabla IV. Televisión y tiempo libre: actividades preferidas para días de semana, según curso (CNTV y PUC 1999)

Con respecto a lo que prefieren ver los niños en la televisión, lo que más ven son dibujos animados y telenovelas o teleseries; el porcentaje que ve noticias o programas educativos es muy bajo. Hay una clara diferencia por sexo en la preferencia por las telenovelas, que es mucho más marcada en las mujeres.

El exceso de televisión se asocia claramente a cambios negativos en las conductas alimentarias, violencia y sexualidad; también se ha demostrado que tiene impacto en el desarrollo cognitivo, con bajo rendimiento escolar y problemas de atención (déficit atencional) y de adquisición de lenguaje; finalmente, se asocia al desarrollo de posturas viciosas. A continuación se revisará con detalle las consecuencias del exceso de televisión.

A) TV y nutrición

Se ha observado un incremento de peso de 20% en los niños que ven televisión; la incidencia de obesidad es hasta 8,3 veces mayor en los niños que ven más de 5 horas de televisión al día, comparados con los que ven menos de 2 horas. Se ha demostrado que se puede reducir en 29% el porcentaje de obesidad de una población de escolares si se disminuye el tiempo de televisión por lo menos en 1 hora a la semana. Otro impacto del alto consumo de TV es el riesgo de desarrollo de trastornos alimentarios como anorexia y bulimia, por las imágenes corporales distorsionadas, con modelos muy delgadas, que se muestran en forma habitual.

Los factores que relacionan TV y obesidad tienen que ver con el consumo energético y la actividad física: 30% de los niños que ve TV en exceso disminuye la actividad física y se ha demostrado que a mayor intensidad del hábito televisivo, mayor es el índice de masa corporal (IMC) y la cantidad de tejido adiposo; asimismo, la prevalencia de obesidad aumenta en 2% por cada hora de TV (publicidad), más aún si los niños comen mientras ven TV. Esto, a pesar de que no todos los programas de televisión son malos, algunos promueven la vida deportiva y los alimentos saludables.

En un estudio hecho en adolescentes de 12 a 17 años, se analizaron los 170 programas de televisión más vistos por ellos y se comprobó que estaban asociados a casi 240 mil comerciales de 30 segundos de duración, de los cuales 26% estaban relacionados con alimentos. Los anuncios publicitarios de este tipo se dan en horarios de alta sintonía de este público objetivo que son los adolescentes y se basan en estudios previos de sus preferencias y se distribuyen de la siguiente manera: restaurantes de comida rápida (Mc Donalds, Burger King): 23%; dulces, 22%; snacks 9%, cereales 11% y bebidas 17%, es decir, casi 50% entre dulces y comida rápida (Am J Prev Med 2007;33,251–6).

En otro estudio similar, pero en niños más pequeños, de 2 a 11 años de edad, se analizaron los programas infantiles y se encontró que se asociaban a 18 horas de publicidad en 6 días y que de alrededor de 165 mil comerciales, 50 mil estaban destinados a comida y 58% de los anuncios se relacionaban con alimentos de bajo valor nutritivo: 165 Kcal, 5,4 gramos de grasa y 1gramo de fibra por porción (Pediatrics 2007;120;576-83).

Otra experiencia concluyó que la cantidad de horas de TV que ven los niños en la infancia puede predecir el IMC a los 30 años. Se aplicó un cuestionario de hábitos de televisión, alimentarios y de actividad física y se registró el IMC a los 10 y 30 años, y se encontró que por cada hora adicional de televisión que ven los niños a los 5 años, el riesgo de presentar obesidad a los 30 años aumenta en 7%, con p < de 0,02 (J Pediatr 2005;147:429-35).

B) TV y violencia

Las imágenes de violencia en la televisión son frecuentes: alrededor de 25% de los videos de música tienen contenido de violencia o consumo de drogas, y se ha comprobado que hay una relación directa entre el hecho de ver violencia en la televisión y tener actitudes violentas, verbales y físicas. Los efectos de la exposición a la violencia televisada son: favorecer el aprendizaje de comportamientos y actitudes violentas; desensibiliza frente a la violencia, ya que la asocia a humor y se presenta desprovista de consecuencias; y aumenta el temor de los niños a ser víctimas de la violencia. Según la Academia Americana de Psiquiatría Infantil, hasta 24% de los comportamientos violentos en escolares tienen que ver con la violencia que se presenta en la televisión y también está probado que aumenta los casos de homicidios y suicidios. Un estudio americano sobre violencia en la televisión encontró que alrededor de 66% de los programas contienen violencia; en 26% de ellos hay uso de armas de fuego; 38% de los actos violentos son realizados por los protagonistas de la película, que en general son individuos atractivos; más de 50% de ellos se asocian con dolor; en 75% de los casos estos actos no causan ningún tipo de remordimiento o penalización y 41% de ellos están asociados a humor. Uno de los programas típicos y muy violentos son los Power Rangers (Federman, The National TV Violence Study. 1996-98)

C) TV y sexualidad

El material televisivo sexual de imágenes eróticas y videos ha aumentado alrededor de 4 veces en la última década y 76% de los jóvenes justifica la actividad sexual por lo que ve en la televisión. Las enfermedades de transmisión sexual y los embarazos no deseados son las consecuencias más frecuentes del inicio precoz de la actividad sexual. La conducta sexual está fuertemente influida por la cultura y el hecho de ver más de 3 horas de televisión al día, debido al elevado porcentaje de programas de contenido sexual, sea explícito o que sólo se hable de sexo (70%). Un 64% de los programas tiene imágenes de sexo, con 4,4 escenas por hora y sólo 9% de los programas hace referencia a los riesgos y responsabilidades de las actividades sexuales.

Existen diversos factores que se relacionan con el inicio de la actividad sexual. Aumentan el riesgo de inicio precoz: el tener amigos mayores, bajo rendimiento escolar y problemas de conducta; lo disminuyen: la monitorización por parte de los padres de lo que los niños ven en la TV, la educación de los padres, la religión y la información sobre los riesgos de la actividad sexual en adolescentes. El único trabajo que hay sobre sexo y televisión es un estudio longitudinal en 1792 adolescentes de 12 a 17 años, a los que se aplicó una encuesta dos veces, con un año de diferencia, acerca de sus hábitos televisivos, experiencia sexual y factores asociados a la iniciación sexual. Se les aseguró que el manejo era confidencial, para que respondieran en forma veraz y se hizo un análisis científico del contenido sexual de cada programa. La hipótesis era que los adolescentes expuestos a altos contenidos sexuales tendrían mayor riesgo de iniciar en forma precoz la actividad sexual o, al menos, tendrían mayores grados de petting. Se encontró que los niños que ven más de 4 horas de televisión al día (sobre el percentil 90) tienen significativamente más actividad sexual tipo petting y también tienen aumento de la actividad coital. Los autores concluyen que la exposición a la televisión puede acelerar el inicio de la actividad sexual en el adolescente; sin embargo, también puede contribuir a retrasar el inicio si se aprovecha la instancia para explicar las conductas de riesgo y sus consecuencias y si los padres hablan con los niños acerca de lo que están viendo (Watching Sex on Television Predicts Adolescent Initiation of Sexual Behavior Pediatrics 2004;114;280-9).

D) TV y desarrollo del lenguaje

Se ha comprobado que los programas con contenido educativo, como “Plaza Sésamo”, son beneficiosos para niños entre 2 y 5 años de edad; en niños de 30 meses de edad que ven estos programas el vocabulario es más amplio y el lenguaje, más expresivo. En cambio, la exposición a programas no educativos se ha asociado a un vocabulario reducido. Sin embargo, lo más útil para aumentar el vocabulario es leer o contar historias. En un estudio efectuado en 1008 parejas de padres de niños de 2 a 24 meses de edad a los que se aplicó un cuestionario sobre desarrollo del lenguaje, se encontró que los lactantes de 8 a 16 meses expuestos a videos o DVD tenían 17 puntos menos en la escala que se utilizó, equivalentes a alrededor de 8 palabras menos que los demás niños de su edad; sin embargo, el impacto fue transitorio, ya que en los niños de 17 a 24 meses no hubo relación entre cantidad de horas viendo televisión y lenguaje. Es probable que algunos padres pongan a los niños pequeños a ver TV como si fuera una “niñera electrónica”; el impacto de esta práctica sobre el desarrollo de los infantes deberá ser evaluada en nuevos estudios (J Pediatr 2007;151:364-8).

E) Rendimiento escolar y TV

El rendimiento escolar es un excelente indicador de la salud de la población pediátrica; las dificultades escolares suelen ser un elemento perturbador de la salud mental del niño y su familia y se ha demostrado que el exceso de televisión empeora el rendimiento escolar: los niños con mal rendimiento escolar ven 3 horas más de televisión a la semana que los que tienen buen rendimiento; y de los que ven 18 horas de TV por semana, 18,4% tienen desinterés escolar y 10%, bajo rendimiento (Stasburger VC. Does TV affect learning abd school performance? 2001).

El hábito de ver televisión en exceso interfiere con el rendimiento escolar, porque disminuye el tiempo que el niño dedica a lectura, tareas, deportes, juegos y comunicación familiar. Se ha demostrado que existe una relación inversa entre la exposición a TV y la actividad de la corteza cerebral y que el exceso de TV provoca dificultades en el pensamiento organizado, reacciones más lentas y procesos de asociación no selectiva, lo que disminuye el rendimiento del niño y le hace aparecer “embobado”. 24% de los niños que ven TV tienen alterado su patrón de sueño, por lo que con frecuencia se quedan dormidos en clases. En un estudio que se publicó en el año 2004, se encontró que los niños que ven TV más de 5 horas al día entre el año y los 3 años de edad, tienen 28% de probabilidades de tener déficit atencional a los 7 años; en este momento se están llevando a cabo otros estudios para probarlo (Early television exposure and subsequent attention problems in children. Pediatrics 2004).

Un trabajo reciente, efectuado en Nueva Zelanda en una cohorte de alrededor de 1000 niños, se encontró que por cada hora de televisión el riesgo de trastorno de la atención aumentaba en 1,4 veces. Los autores plantearon que esto se debería a la exposición a imágenes y cambios de escena muy rápidos, lo que alteraría el desarrollo del SNC por sobre-estimulación. En la Fig. 3 se observa que ver TV menos de 1 hora y entre 1 y 2 horas podría ser incluso un factor protector de trastornos de atención, pero ver entre 2 y 3 horas y más de 3 horas se asocia a un aumento marcado de este tipo de problemas; los niños son menos pacientes frente a los cambios lentos porque están acostumbrados a que todo ocurra rápido; se produce un desplazamiento de las actividades que estimulan la concentración; y aprenden a hacer muchas cosas en forma simultánea, lo que también favorece los problemas de concentración (Does Childhood Television Viewing Lead to Attention Problems in Adolescence? Pediatrics 2007;120;532-7).

Figura 3. Relación entre número de horas viendo televisión y desarrollo de trastornos de la atención en los niños

En otro trabajo, efectuado en 3.737 familias, se aplicó un cuestionario sobre conducta, habilidades sociales, hábitos televisivos y presencia de TV en el dormitorio a los 30 a 33 meses de edad de los niños y después, a los 5,5 años. Se separó a los niños en tres grupos según tipo de exposición: temprana, cuando veían más de dos horas de televisión a los 30 meses de edad; concurrente, más de 2 horas de televisión a los 5,5 años; y sustancial, más de 2 horas de televisión por día a los 30 meses y a los 5 años. Se encontró que 16% de los niños de 30 meses y entre 15 y 20% de los de 3 y 5 años, veía más de 2 horas de TV al día. Al analizar el perfil de estas madres se encontró que eran más depresivas, más jóvenes, menos educadas, muy ansiosas y menos involucradas en la educación de sus hijos; alrededor de 40% tenía televisión en la pieza. Los autores concluyeron que la exposición temprana, a los 30 meses, disminuye la capacidad de cooperación, autoconfianza y reacción emocional; la exposición sustancial se asocia a déficit atencional, agresividad y trastornos de conducta y la concurrente, a escasa adquisición de habilidades sociales; además, la presencia de televisión en el dormitorio a los 5 años se asocia a problemas de sueño, de conducta y de reactividad emotiva. Por lo anterior, recomiendan insistir en la promoción de actividades alternativas y en la prevención del exceso de horas de consumo de televisión (Pediatrics 2007;120;762-9).

Recomendaciones de la AAP

Los pediatras deben tomar conciencia de la relación que existe entre exceso de televisión y violencia, obesidad, sexualidad precoz y sedentarismo en los niños y adolescentes; deben fomentar la educación sobre los medios de comunicación en padres, colegios y municipalidades; y deben asesorar el consumo de televisión por parte de los pacientes hospitalizados. El ideal es tener un circuito cerrado de televisión en las salas de hospital y las salas de espera de las consultas, que permita transmitir sólo programas con contenidos apropiados.

Los padres: deben limitar el tiempo de televisión de calidad a 1 a 2 horas diarias; eliminar la televisión de la pieza de los niños e incentivar las actividades que promueven el desarrollo cerebral en los niños menores de 2 años, como cantar, hablar y jugar; y en niños más grandes, incentivar el deporte y la lectura con el fin de desalentar el uso de la televisión. Además, los padres: deben acompañar a los niños a ver televisión, monitorizar los programas y aprovechar cualquier instancia para discutir los temas en familia; evitar encender la televisión al azar, hacerlo sólo para ver programas útiles y ayudar a los niños a seleccionar sus programas, eligiendo aquellos de contenido apropiado, dentro de sus preferencias. Finalmente, se recomienda a los padres fomentar el uso de grabadores para aumentar la disponibilidad de programas útiles (AAP, Children, adolescents and television. Pediatrics 2001).

Otras recomendaciones generales, no necesariamente de la AAP, pero que son muy importantes: evitar que los niños adopten posturas corporales inadecuadas mientras ven televisión; no permitir que vean televisión para quedarse dormidos; no usar la televisión como medio de premio o castigo; y en lo posible tener sólo un aparato de televisión en la casa para que la familia pueda negociar y decidir cuál es el programa más útil y beneficioso para todos.

Para terminar, una reflexión interesante: “Niños y jóvenes participan desde muy pronto, con ayuda de los medios de comunicación, en el mundo adulto de la política, las catástrofes y las diferentes culturas”. “Su conocimiento ha cambiado: saben mucho más del mundo de los adultos, lo conocen gracias a la televisión, incluso antes de ser capaces de experimentarlo por sí mismos” (Sander, E. 1990).

La edición y publicación de esta conferencia han sido posibles gracias a un auspicio sin restricciones de Nestlé Nutrition y su página Nestlé Profesionales: http://www.nestle-pediatria.cl/

Medwave. Año VIII, No. 2, Marzo 2008. Derechos Reservados.

 


 
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