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Medwave 2003 Ene;3(1):e892 doi: 10.5867/medwave.2003.01.892

Tema libre: dexmedetomidina para sedación en cirugía de oído medio

Oral communication: dexmedetomidine for sedation in middle ear surgery

Raúl Vega, María Carolina Cabrera, Silvia Schmith, Elba Bedoya, Ernesto Ried, Emilio Santelices

Resumen

Tema libre presentado durante el XXX Congreso Chileno de Anestesiología y VI Simposio Latinoamericano de Anestesia Regional, en noviembre de 2002.


 
Introducción

En el Hospital de la Fuerza Aérea de Chile se realizan intervenciones complejas para el manejo de la otitis media crónica. Ellas se llevan a cabo con el paciente despierto, porque, durante la operación, la posibilidad de hablarle al paciente permite evaluar los resultados en forma continua. Además, se evita el despertar de la anestesia general, que en estos pacientes es bastante perjudicial, con náuseas, vómitos o tos, que aumentan la presión en el oído medio y pueden causar fracaso del injerto, por ejemplo, en la timpanoplastía.

Dexmedetomidina

Al buscar las alternativas de drogas disponibles en la actualidad, se encontró, en la literatura y por algunas experiencias, el uso de la dexmedetomidina, la que, por sus propiedades analgésicas, sedantes y amnésicas, puede permitir que este tipo de cirugía se lleve a cabo sin mayores inconvenientes. No hay mucha literatura referente al uso de esta droga como sedante único en el paciente despierto no intubado.

Objetivo del trabajo

Evaluar la sedación obtenida con la administración de infusión de dexmedetomidina en los pacientes sometidos a cirugía de oído medio.

Material y Método

Se realizó un trabajo descriptivo y prospectivo. Se seleccionaron para el estudio pacientes ASA I y II, sin límite de edad. Se definió como carga de dexmedetomidina la administración de 0,5 microgramos/kilo durante 15 minutos; luego de esta dosis, el cirujano realizaba la anestesia del conducto auditivo externo seguida de la infusión continua de dexmedetomidina, la que se mantenía entre 0,2 y 0,7 microgramos/kilo/hora. Una vez establecida esa carga, se observaba el estado del paciente. Este debía estar despierto, pero tranquilo, capaz de contestar bien preguntas simples, sin quedarse dormido. No conviene, para el cirujano, que el paciente comience a roncar o haga movimientos involuntarios, porque cualquier movimiento afecta el trabajo quirúrgico, dado el reducido campo en el que se opera. Cuando el paciente estaba algo inquieto, se observaba en forma constante: si a los 20 minutos seguía inquieto, se aumentaba la infusión del fármaco en 0,2 microgramos/kilo/hora.

Se evaluó: la dosis total infundida del fármaco; la presencia de complicaciones (hipotensión, bradicardia, náuseas, vómitos o dolor intenso); la necesidad de sedantes asociados (si esta droga no era suficiente para el paciente, existía la alternativa de una droga de rescate) y la satisfacción experimentada por el paciente. Se registró si el paciente presentó molestias, dolor o náuseas. Al trasladar al paciente a recuperación se le preguntó si repetiría o no el procedimiento y si conservaba malos recuerdos. También se evaluó la satisfacción del cirujano, con uso de una escala subjetiva; el cirujano respondía, según su parecer, si la sedación administrada había sido muy buena, buena, regular o mala.

Resultados

Durante ese lapso se intervino a dieciocho pacientes: nueve hombres y nueve mujeres. La edad promedio fue de 34,5 años, con rangos bastante amplios. El tiempo quirúrgico promedio fue 103 minutos, con límite inferior cercano a los 60 minutos y el superior mayor de tres horas. La velocidad de infusión promedio de dexmedetomidina fue de 0,24 microgramos/kilo/hora. La infusión se mantuvo casi siempre en niveles basales y fue suficiente para mantener a los pacientes sedados, salvo dos a quienes hubo que aumentar la dosis, uno de ellos un escolar de 12 años. Sólo en un paciente, cuya intervención fue prolongada, se agregó midazolam, como coadyuvante, hacia el final de la cirugía. Seis pacientes presentaron bradicardia (frecuencia cardíaca menor de 50 latidos por minuto). Está descrito que esta droga, por su bloqueo adrenérgico, produce hipotensión y bradicardia; sin embargo, ninguno de estos enfermos necesitó tratamiento con atropina ni presentó trastorno hemodinámico. No se presentaron otras complicaciones, náuseas, vómitos ni hipotensión importantes.

En la evaluación del cirujano, 50% de ellos consignaron que la sedación fue buena y 50% señalaron que era muy buena; no hubo evaluaciones regular o mala. La satisfacción experimentada por el paciente fue buena, según las respuestas a un cuestionario, incluso algunos con cirugía previa del oído contralateral, en la que se usó la sedación habitual, encontraron mejor esta técnica; 83% repetirían esta técnica si tuvieran que operarse nuevamente y no conservaban recuerdos muy desagradables. El peor recuerdo se dio en algunos pacientes en quienes fue preciso fresar el conducto auditivo, por la magnitud del ruido; ellos expresaron que no desearían repetir la técnica quirúrgica ni la sedación.

Conclusiones

La sedación con dexmedetomidina para la cirugía de oído medio es adecuada. Su administración tiene escasos efectos adversos. Creemos que es una técnica que se puede aplicar en otros tipos de cirugía y se puede asociar con anestesia local o regional.

 

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ISSN 0717-6384