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Actas de Reuniones Clínicas
Medwave 2005 Sept;5(8):e2283 doi: 10.5867/medwave.2005.08.2283
Algunas consideraciones sobre los efectos estructurantes de la experiencia traumática en la producción cultural
Some considerations on the structuring effects of traumatic experiences in cultural production
Joseph Bandet
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Resumen

El presente trabajo constituye una transcripción editada de la conferencia dada por el profesor Bandet en la Clínica psiquiátrica de la Universidad de Chile en junio de 2005. Una versión más completa de estas ideas puede encontrarse en La revista “Gradiva” de la Sociedad Chilena de Psicoanálisis ICHPA (2, número 1. 2001). La publicación de estas Actas Científicas ha sido posible gracias a una colaboración editorial entre Medwave y la Clínica Psiquiátrica de la Universidad de Chile.


 

El concepto “Holocausto” se encuentra ampliamente difundido, sin embargo, remite a lo sacrificial e instala al victimario en una dinámica de significaciones, transformando a la víctima en ofrenda a Dios…Es mejor pensar, usando el concepto de “shoa”, la que remite al arrasamiento, a la destrucción absoluta, reinstalado a la víctima en su dignidad y a la brutalidad del exterminio en su opacidad más profunda. Como dice Primo Levi, “Algo del orden de lo irreparable lesionó el mundo humano -es decir, el discurso, la subjetividad- de la mano del novedoso exterminio inaugurado por el nazismo". . Desde el punto de vista social, retomando el concepto de fenómeno, es decir, un hecho carente de discurso que quiebra todo vínculo de filiación.

Hay que pensar que la teoría que está detrás de esto último es dialéctica, esto es, que el discurso se funda en la alteridad, en la existencia del otro, otro significante, otro ser humano, otra persona, otro, que permite establecer algún tipo de desplazamiento contrastante. En tanto la “shoa” implica un arrasamiento, esto significa la destrucción de todo discurso, dejando sólo como huella un vacío en la estructura.

Hay que pensar de todas formas en el concepto bioniano de elementos beta también, es decir, pensando en distintos contenidos mentales, habría los primeros que son sensaciones físicas, luego pasarían a elementos alfa, susceptibles de ser transformados a preconceptos - a sueños, a fantasías-, luego a conceptos y finalmente al pensamiento lógico deductivo.

Si retrocedemos y pensamos desde el punto de vista del desarrollo humano, en el bebé, este en los primeros momentos no tendría más que sensación corporal, el resto, en su desarrollo mental es aportado por la madre; la idea acá es que la destrucción de toda alteridad y su reemplazo por la uniformidad implica la destrucción de todo discurso y que eso, y es la tesis de la siguiente presentación, tiene una marca que es indeleble y omnipresente.

La “shoa” no es un derivado pulsional, no es reprimido, no tiene representación, es decir, no se puede soñar con la devastación total, sino sólo el registro que es dejado por una ausencia de registro, es decir, el daño; en ruso, “pogrom” es la experiencia de los cosacos que no buscaban (y esto es interesante) la derrota militar de los asentamientos judíos, sino arrasar.

Considerar al nazismo como psicosis colectiva o perversión, en su vertiente más popular, del sadismo, remite a los bordes de la estructura, es decir, serían dentro de la distribución de la curva normal, aquellos que están fuera de la normalidad. Por el contrario, esto se desarrolla con su carácter científico, planificado, a través de los medios de comunicación masiva, a través de la encuesta pública, en el medio de lo humano y se desarrolla donde la estructura es abolida.

En el discurso nazi, así como en otros discursos históricos, frente a una situación de inseguridad, pobreza, temor e inestabilidad política, una alternativa para salir de ella es el recurso narcisista, que niega cualquier marca o deterioro de la autoimagen reemplazándola por un falo brillante, uniforme; hay que pensar en el brillo de los uniformes, en el brillo “de los cuervos acerados”, etc.

Algunos eventos políticos de magnitud histórica sin precedentes, como las dos guerras mundiales, Hiroshima y varios genocidios de nuestro siglo, a los cuales han sido expuestos millones de personas, pueden ser considerados como el ambiente traumático al que hemos estado todos expuestos y que constituyen parte de la herencia cultural de nuestro pueblo.

Hechos como el holocausto no sólo proveen de metáforas para simbolizar conflicto, sino que constituyen per se conflictos contribuyendo a generar transformaciones muy generalizadas y difíciles de delimitar que, sin embargo, implican cambios en el yo, en el superyo, en la imagen de sí mismo y en la realidad, que dan cuenta de la existencia real de la violencia desenfrenada. Un niño que nace en este siglo sabe que estos hechos han ocurrido y esto es dramáticamente contradictorio con la educación tranquilizadora de nuestra época, que se basa en la confianza y en el revalorizamiento del contrato social, por ejemplo a través de la difusión propagandística del concepto de solidaridad.

La tesis de este trabajo consiste en que estos hechos van a ser tomados por toda la población normal, que lo va a expresar en distintas formas culturales, pero los hijos de víctimas de violación sistemática de los derechos humanos van a manifestar exacerbadamente esta condición.

Este es un resumen de 14 puntos que caracterizarían el funcionamiento psicológico de personas cuyos padres o familiares directos han sufrido la violación sistemática de sus derechos humanos:

  1. Expresión de temas generalizados de temor a perder la integridad corporal; el ser se experimenta como dañado.
  2. Presentan envidia y deseos de venganza hacia los otros.
  3. No existirían frenos externos a los deseos agresivos internos.
  4. Desarrollan un superyo particularmente áspero y severo.
  5. El superyo se adapta a una realidad en que las reglas han sido rotas, lo que se ha asimilado con el superyo borderline, en que se habla del superyo lacunar, pero no es sólo eso.
  6. Existe la creencia de que las normas, costumbres y compromisos no deben ser tomados demasiado en serio en una realidad donde lo único que importa es sobrevivir. Es la psicología del sobreviviente, hacen como si vivieran en un contrato social, donde existe confianza, pero sienten que ésa no es la realidad, ésta es otra, es totalmente íntima e implica un compromiso con todos aquellos que se encuentren amenazados.
  7. Esto se manifiesta en relaciones interpersonales tenues; sienten que las relaciones podrían perderse en cualquier momento y se caracterizan por la ambivalencia.
  8. Tienen un sentimiento de tristeza, soledad y abandono.
  9. Establecen relaciones paternalistas con otros y los identifican con víctimas, aunque no sean víctimas reales; puede ser cualquier persona que sea objeto de la aplicación de normas convencionales, por ejemplo, un compañero de curso de la universidad que fue sancionado por no entregar un trabajo a tiempo, o una persona que por no pagar cuotas debe pagar una multa, es decir, toman permanente partido por todo aquel que sea tocado por la autoridad, que es vista de ahí en lo sucesivo como maligna. Esto es rígido y automático.
  10. Experimentan el mundo externo como inestable, el cual podría cambiar de súbito.
  11. Sienten que el mundo es una atmósfera viciada, la gente no es lo que parece, la civilización encubre un potencial de violencia y traición, son hipervigilantes ante cualquier señal de corrupción del otro.
  12. Habría límites difusos entre el ser y los otros, pasado y presente, realidad y fantasía.
  13. Existe una neutralización incompleta de la agresividad mezclada con impulsos libidinales.
  14. La generación parental es vista como dañada, victimizada e incapaz de brindar protección contra la agresión de los otros.

Este resumen fue hecho en el año 2001. Ese año hubo un paro de camioneros que fue bastante notorio y en mi lugar de trabajo se formaban pequeños grupos que discutían sobre este tema, existiendo una clara diferencia entre los menores y los mayores de 40 años; los primeros hablaban con un grado de “humor violento” impresionante, diciendo “les vamos a poner una bomba a estos tipos” o “los deberían meter presos a todos”, mientras que los mayores de 40 expresaba fantasías de que se pudiera repetir el golpe de estado e incluso, pensaban en la posibilidad de emigrar del país.

La generación parental era vista como dañada, victimizada e incapaz de brindar protección contra la agresión de los otros, había una sensación de desamparo, crisis y condena, nada brindaba seguridad contra la ocurrencia de eventos apocalípticos. Los padres de esta generación habían sido derrotados, fueron ingenuos por respetar algunos intereses democráticos, esto es, valores que son centrales adquieren, a la luz de esto, un carácter totalmente despreciable, por lo tanto podemos pensar en la mayoría de las situaciones que hemos visto o atendido de problemas vinculares de este orden, donde el lugar que ocupa la autoridad es un lugar absolutamente derrotado, que no brinda ningún tipo de seguridad. Un paciente de la consulta me contaba que retaba al padre por haber respetado los procesos democráticos en el año 73 y lo enrostraba diciendo “yo sí me habría sabido defender”.

Habría una tendencia permanente a rescatarse a sí mismo y a adoptar técnicas de supervivencia, desde estar en una manifestación y estar continuamente pensando en la vía de escape, tratando de no llamar la atención o de no producir confrontación, hasta tener fantasías de rescatar a otro, las que incluyen actuar como superhéroe o como líder revolucionario. Paradójicamente, a pesar de recordar en forma vívida y repetida las escenas experimentadas en un campo de concentración, existe un bloqueo generalizado de la capacidad de fantasear y, sobre todo, de disfrutar de la fantasía.

Habría una hipervigilancia sobre el mundo interno, con el fin de evitar llegar a convertirse en un nazi. La competitividad o asertividad son vividos como crímenes directos, es decir, si yo gano, es a costa de la muerte de otros, lo que me haría vivir con una culpa inmensa, porque me estaría convirtiendo en un nazi.

Esto es tan potente, que situaciones de conocimiento masivo, que no buscaban producir un efecto en particular, como la historia de Hansel y Gretel, pueden tener un impacto en quienes han sufrido la pérdida de familiares en un horno crematorio, a manos de otros seres humanos, totalmente distinto al que correspondería por el desenlace del cuento, en que la bruja es arrojada al horno por los niños para poder escapar, es decir, la metabolización de la experiencia es totalmente distinta si uno tiene la visión tranquilizadora de que esto es un cuento, o si un historia similar forma parte de nuestra cultura y fue realidad para nosotros.

Existe un defecto en el self idealizado y en las representaciones de objetos; las imágenes omnipotentes infantiles, que son la base de la confianza posterior, están dañadas en esencia y desde un punto de vista inicial, es decir, ya no hay confianza en la existencia de nada ideal, no sólo de ninguna persona, niño o adulto, sino de ninguna forma ideal, es decir, desaparece toda perfección encarnada en un objeto existente.

Producciones culturales

El comic japonés (manga) es parte de nuestra cultura, y analizando este tipo de producción cultural, llama mucho la atención que, al compararlo con grabados japoneses más antiguos, resulta que los ojos eran muy pequeños, aunque quizás pueda observarse otros detalles del grabado, tales como el tono, la actitud corporal y otras cosas más. Entonces, analizando los comics en el contexto que se vivió en los años 80, considerando la situación político social de esa época y pensando en las características que tendrían los hijos de víctimas, refiriéndose a esta atmósfera de desconfianza, de deterioro, etc., se puede ver fácilmente que el comic japonés no se parece al Condorito chileno, en el que se da un ambiente de ingenuidad, de relaciones sociales estables, etc. En general, los comics que emergen después de los años 80 tienen otras características.

Los comics hechos en Japón antes de la bomba atómica se caracterizan por tener ojos pequeños, mientras que los de la época posterior a las bombas de Hiroshima y Nagasaki tienen rasgos distintos, con ojos muy grandes. En entrevistas hechas a George Lucas se le preguntó en qué se había inspirado para crear a los personajes que representaban la fuerza del mal y él decía que el casco de Darth Vader estaba inspirado en el casco de los samurai japoneses. Llama la atención que Lucas, cuyos familiares directos vivieron el holocausto, no advierta la similitud con el casco alemán, o al menos que no lo exprese en sus entrevistas; se podría pensar, entonces, que aquí hay algo que es permanente, que es pervasivo (galicismo que quiere decir extendido y permanente) y que se expresa indirectamente a través de producciones culturales.

En el comic contemporáneo aparece una tierra arrasada, devastada, probablemente por un holocausto nuclear, con animales mutantes, y aparece el tema de la supervivencia, donde los hombres cazan a estos animales mutantes, que serían la única fuente de alimento, todo el resto estaría contaminado y las personas sobrevivientes quedarían solas y luego se encontrarían como nómades en algún desierto (estos comentarios corresponden a algunas ilustraciones de comics que ilustran estas ideas).

En el grabado japonés contemporáneo, distintos autores consideran que el predominio del rasgo de grandes ojos en el trazo general es una manifestación paranoide; sería una manera de mostrarse alerta frente a un peligro vuelto inmanente. Mercedes Fernández agrega: “Los ojos son órganos básicos de contacto con el mundo exterior; los paranoides enfatizan mucho este aspecto, dando a entender que los peligros serían inmanentes y permanentes y estarían al acecho”.

El tema “Los Dinosaurios” de Charlie García, que es parte de nuestro medio y forma parte de nuestro bagaje cultural, si se escucha a la luz del tema que estamos tratando, repite lo que se ha expuesto: las relaciones son tenues, transitorias, habría una amenaza permanente, existe falta de confianza en el futuro, la pérdida de ideales, todo sería una realidad convertida en tema aparente y pasajero.

En el episodio III de la película de la guerra de las galaxias, si se tiene en mente lo que se ha expuesto y sabiendo que probablemente hubo una experiencia de represión que puede haber dado paso a una creación de esta naturaleza, desde nuestro punto de vista, lo que se muestra ahí es la experiencia del holocausto. Un dato muy curioso es que la censura en Chile eliminó la escena del asesinato de los niños, que en el avance nazi fue de particular crueldad; aún hay campos en Estonia y Letonia que están copados de niños que fueron exterminados por los nazis. En la película de Lucas, esa escena fue censurada, pero se hizo énfasis en las razones comerciales, porque al eliminarla se ampliaba la cantidad de público que podía ver la película pero, nuevamente, Lucas nunca se refirió a la experiencia de su familia cuando habló del tema.

Reconocer los efectos de la experiencia traumática

Este trabajo se originó en la observación de un interesante fenómeno que se daba en ciertas instituciones universitarias de izquierda que estuvieron vinculadas al proceso político del 70-73, y es que cada vez que un profesor ponía un plazo, éste no se cumplía, al igual que otras normas. La relación con los profesores era de una agresividad permanente.

Al comentarlo con los colegas, éstos opinaban que la causa era que se trataba de una generación muy dañada y aconsejaban flexibilizar las normas y los plazos; los estudiantes encarnaban esa sensación de haber sido perjudicados, que la sociedad en su conjunto les debía algo, lo que los padres interpretaban como que debía atendérseles en sus pedidos de flexibilizar normas y plazos hasta el infinito, porque de esa forma les estaríamos haciendo, supuestamente, un bien. Ambos elementos se basaban en el supuesto de que la autoridad era maligna, persecutoria y meritoria de cualquier forma de lucha.

La opinión de los profesores de que no se les debía imponer normas, sino que deberíamos ser flexibles, se basaba en la creencia de que la imposición de un orden, reglas y plazos los dañarían más; sin embargo, la verdad es que esto no sólo no les iba a traer beneficio alguno, sino que los iba a llevar a desarrollar conductas psicopáticas.

Este problema no se circunscribe a la universidad, sino que es un problema del país. La autoridad, y en esto creo que tenemos un rol importante, debe ser distinguida del autoritarismo y tiene que ser entendida como una función social que contribuye al desarrollo humano; si no se comprende esto, y en tanto la visión negativa de la autoridad permanezca enquistada, se va a traducir en una lucha sorda y en el desarrollo de conductas psicopáticas que reproducirán el trauma, como los elementos beta, es decir, no habrá ninguna evolución productiva de aquello, no surgirá arte, educación, formación ni construcción, porque la reproducción del trauma no produce nada fructífero.

La maniobra acrobática del robo de la escultura de Rodin no fue ni siquiera una acción de arte, contra el arte establecido; detrás no había nada, sólo un vacío sobre el cual no hemos reflexionado socialmente. Hay temas que aún no son analizados y el presente trabajo busca proponer elementos de reflexión sobre nuestro propio país después de la dictadura.

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El presente trabajo constituye una transcripción editada de la conferencia dada por el profesor Bandet en la Clínica psiquiátrica de la Universidad de Chile en junio de 2005. Una versión más completa de estas ideas puede encontrarse en La revista “Gradiva” de la Sociedad Chilena de Psicoanálisis ICHPA (2, número 1. 2001). La publicación de estas Actas Científicas ha sido posible gracias a una colaboración editorial entre Medwave y la Clínica Psiquiátrica de la Universidad de Chile.

Expositor: Joseph Bandet[1]

Filiación:
[1] sicoanalista; Miembro Titular de la Sociedad Chilena de Psicoanálisis-ICHPA

Citación: Bandet J. Some considerations on the structuring effects of traumatic experiences in cultural production. Medwave 2005 Sept;5(8):e2283 doi: 10.5867/medwave.2005.08.2283

Fecha de publicación: 1/9/2005

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