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Conferencia
Medwave 2008 sep;8(8):e1667 doi: 10.5867/medwave.2008.08.1667
Educación y salud en la infancia temprana
Education and health in early childhood
Judith S. Palfrey
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Resumen

Este texto completo es la transcripción editada y revisada de una conferencia dictada en el marco de una Mesa Redonda organizada por la División de Política y Gestión en Salud, de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile, que se llevó a cabo en Santiago el 8 de noviembre de 2007.


 
Introducción

El objetivo de esta presentación es compartir la experiencia de Estados Unidos y Chile en las áreas de salud y desarrollo infantil. Para ello se desarrollarán las siguientes premisas:

  1. Para mejorar el bienestar de nuestros niños es necesario integrar la educación, la medicina y la salud pública.
  2. Es necesario superar las inequidades sociales, económicas y culturales.
  3. Existen modelos para hacer esto.
  4. Los obstáculos que interfieren en el camino son: falta de voluntad política y una estrategia social desarrollada en forma incompleta.

Los factores de la comunidad que afectan la salud y el desarrollo del niño en el siglo XXI son los siguientes: pobreza, origen étnico, geografía, medio ambiente, configuración familiar, ocupación de los padres, estrés y aislamiento: son los determinantes sociales de la salud.

La morbilidad del nuevo milenio en países como Estados Unidos y Chile, donde se ha avanzado mucho en el control de la desnutrición y las enfermedades infecciosas, se puede atribuir tanto al estilo de vida como a los virus y bacterias; así, en la actualidad predominan los problemas nutricionales (sobrepeso y obesidad), los problemas desencadenados por el medio ambiente (asma), los trastornos conductuales (autismo, déficit atencional, hiperactividad y problemas de salud mental), los generados por hábitos inadecuados de consumo de tabaco, alcohol, drogas y ejercicio de la sexualidad y, finalmente, los accidentes y violencias.

Una cosa no ha cambiado: la pobreza y la enfermedad están estrechamente vinculados. Los estudios demográficos y de salud demuestran que la mortalidad de los niños de zonas rurales es 1,5 veces mayor que la de los niños que viven en zonas urbanas; asimismo, los hijos de madres sin educación tienen una tasa de mortalidad 2,2 veces mayor que los hijos de madres que alcanzaron al menos la educación secundaria; y los niños del quintil más pobre tienen 2,5 veces más riesgo de morir que los del quintil de mayores ingresos.

Bases para la intervención precoz en la infancia

La infancia temprana se caracteriza por ser un período de rápido crecimiento, en el cual se sientan las bases para el estado de salud y la capacidad de aprendizaje posterior. En esta etapa los procesos biológicos y sociales se encuentran fuertemente vinculados, y el rol de los adultos y de la comunidad a cargo del cuidado de los niños es crítico en su desarrollo.

Durante los últimos 50 años, los estudios en el área de la neurobiología por autores como Harlow, Lorenz, Hubel and Wiessel, Richmond and Caldwell, Abecederian, Piagetians, Bowlby, Ainsworth, etc., han aportado suficiente evidencia científica para crear las bases teóricas del desarrollo del individuo durante la primera infancia. El esquema de la Fig. 1 fue utilizado ampliamente por Richmond, en su época, para demostrar cómo el cerebro de los niños crea y organiza las interconexiones para el procesamiento de la información. Este proceso complejo continúa a través de toda la niñez, con un grado de sofisticación cada vez mayor en la medida en que el niño aprende y codifica físicamente su aprendizaje dentro de su biología. En otras palabras, el ser humano nace con todas las neuronas, pero la comunicación entre ellas se va desarrollando durante la niñez. La imagen muestra los cambios que se producen en el tejido nervioso cerebral a través de los seis primeros meses de vida, lapso que se ha denominado “periodo crítico”.

Figura 1. Crecimiento y desarrollo de la red neuronal cerebral durante los seis primeros meses de vida (Richmond).

Igualmente importantes son los estudios que demuestran que esta codificación depende de la estimulación externa del medio ambiente, y que sin ese estímulo el individuo joven no se desarrolla en forma normal.

Figura 2. Los estudios demuestran ampliamente el rol crítico de la estimulación temprana en el desarrollo del individuo.

El Head Start y otras experiencias han permitido determinar los elementos necesarios para lograr la integración de los Servicios de Salud con la infancia temprana:

  1. Acceso a cuidados primarios.
  2. Visitas del niño al consultorio (para vacunas).
  3. Prevención de heridas.
  4. Detección de defectos sensoriales.
  5. Examen dental.
  6. Evaluaciones del habla/lenguaje.
  7. Evaluación del comportamiento (déficit atencional e hiperactividad, autismo, retraimiento).
  8. Intervención rápida.

Modelos exitosos

En los Estados Unidos se han aplicado varios modelos exitosos, similares a Chile Crece Contigo; entre ellos están Buen comienzo, Proyecto preescolar de Perry, AbeCeDario, Head Start, que es el programa más extenso y el Proyecto de Educación Temprana de Brookline, BEEP (Brookline Early Education Project), que comenzó en los años 70 y ha sido uno de los programas más completos.

El BEEP se aplicó en tres grupos de intervención, A, B y C, de los cuales A y B recibieron mayor cantidad de todos los servicios, dentro de los cuales se incluyeron visitas a la casa/visitas al centro, currículo basado en el lenguaje y trabajo con padres como los primeros y mejores educadores. Además hubo un programa de diagnóstico, que incluía evaluaciones de salud y monitoreo del desarrollo. Cada niño se matriculó en el colegio público o escuela tres meses antes de nacer; desde ese momento la escuela se hizo responsable de la educación de ese niño. Las visitas al domicilio y a los centros de apoyo permitieron formar a los padres como educadores para aplicar el currículo del programa, que era muy formal y estaba basado en el lenguaje más que en lo psicomotor, porque se ha visto que la educación tiene más que ver con el lenguaje. Las familias inscritas en este proyecto de intervención temprana recibieron visitas a domicilio durante los dos primeros años de vida y después ellos visitaron los centros. El programa de diagnóstico permitió integrar muy bien salud y educación.

Cuando los niños estaban en segundo grado de la escuela primaria se hizo una evaluación amplia del impacto del BEEP y se encontró que había importantes repercusiones en el comportamiento y en la lectura, pero con claras diferencias según la situación socioeconómica, medida por la educación de la madre. En el proyecto de Brooklyn, a diferencia de otros, se incluyó a familias de todo el espectro socioeconómico y se compararon los resultados con un grupo control, que no recibió intervención.

En la Fig. 3 se observa el porcentaje de niños con dificultad para la lectura, en las familias de nivel socioeconómico superior, según el grado de intervención. En el grupo control hubo 20% de niños con problemas de lectura, mientras que en el grupo BEEP hubo un efecto dosis-respuesta: los niños del grupo C, que recibieron intervención menos intensiva, sin visitas domiciliarias, tuvieron menos problemas que los controles; los del grupo B, que recibieron visita domiciliaria cada seis semanas o cada dos meses, tuvieron aún menos problemas y en los del grupo A, que recibieron intervención intensiva, los problemas de lectura prácticamente se erradicaron, o sea, a mayor “dosis” de intervención, mejores son los resultados.

Figura 3. Resultados del BEEP en segundo básico: dificultades de lectura en hijos de familias con educación superior.

En el caso de las familias con padres sin educación superior, o sea, de nivel socioeconómico más bajo, los resultados fueron muy diferentes: en el grupo control, 54% de los niños tuvo problemas de lectura y la intervención mejoró un poco esta cifra, pero el efecto fue menor que en el grupo de mayor nivel socioeconómico. En este caso, el impacto del BEEP se observó sólo con la intervención intensa y moderada; en el grupo C, que no recibió ninguna visita domiciliaria, no hubo disminución de los problemas de lectura. Esto significa que es fundamental efectuar las intervenciones a nivel del domicilio en las familias de bajo nivel educativo, para conseguir algún resultado (Fig. 4).

Figura 4. Resultados del BEEP en segundo básico: dificultades de lectura en hijos de familias sin educación superior.

Para los problemas de conducta, se encontraron resultados similares.

Posteriormente se evaluó el impacto del BEEP a la edad de 25 años; esto, gracias al financiamiento otorgado por la Fundación Robert Wood Johnson para llevar a cabo el seguimiento a largo plazo, con el objetivo de determinar el estado de salud general y el bienestar de los adultos jóvenes que se inscribieron como lactantes y niños pequeños en el BEEP. Esta evaluación demostró que en las familias con mayor nivel socioeconómico no hubo diferencia a largo plazo, mientras que en las familias más pobres el impacto del BEEP fue significativo: las personas que se incorporaron a este programa siendo niños, tuvieron mejores logros educacionales, mejores posiciones de trabajo, mejores logros en salud, mejor utilización en el cuidado de la salud e incluso, cosa que no se esperaba, mejores logros en salud mental. Todo esto, en comparación con un grupo control de características similares, pero que no había recibido intervención.

El Dr. Julius Richmond, fundador del programa Head Start en 1965, desarrolló un modelo según el cual, para aplicar los conceptos de este programa se requiere de tres elementos en equilibrio dinámico: base de conocimientos, estrategia social y voluntad política (Fig. 5).

Figura 5. El modelo de Richmond.

Es relativamente fácil hablar sobre base de conocimientos y sobre estrategias sociales, mientras que la voluntad política suele ser difícil de conseguir, porque quienes están en cargos de poder piensan que “los problemas son de otras personas”, tienden a igualar los conceptos de “Salud Pública” con “Pobreza”, los problemas les parecen demasiado difíciles, no recuerdan los éxitos. Cuando se plantea a los políticos el problema de la educación infantil, viene a la mente el dilema de Rodney Dangerfield, un comediante que no lograba conseguir respeto: da la impresión de que si no se trata de astronáutica, es un tema que no vale la pena. Chile Crece Contigo ha sido una excelente forma de conseguir este propósito. Gracias a este proyecto, hay un fuerte deseo político; el problema es visto como nuestro problema; se ha articulado una meta y se está avanzando para llegar a ella.

Las estrategias sociales que se implementen para conseguir los objetivos enunciados, esto es: mejorar el bienestar de los niños mediante la integración de la educación, la medicina y la salud pública y mediante acciones dirigidas a superar las inequidades sociales, económicas y culturales, deben apuntar a:

  • Definir limitaciones
  • Definir contribuciones
  • Definir metas claras
  • Identificar los involucrados
  • Articular responsabilidades
  • Evaluar resultados
  • Institucionalizar el éxito

Los componentes para tener éxito en el desarrollo de esta estrategia social fueron descritos por los planificadores de Head Start:

  • Servicios de salud, incluyendo servicios de sanidad nutricional y oral.
  • Educación en la infancia temprana.
  • Servicios sociales.
  • Involucrar a los padres.
  • Reclutamiento voluntario.
  • El gobierno local ha de implementar “la máxima participación posible de los pobres”, que es un componente central en el programa Head Start.
  • Capacitación, asistencia técnica, evaluación, e investigación en colaboración con las instituciones locales de educación superior.

Figura 1. Crecimiento y desarrollo de la red neuronal cerebral durante los seis primeros meses de vida (Richmond).
Figura 2. Los estudios demuestran ampliamente el rol crítico de la estimulación temprana en el desarrollo del individuo.
Figura 3. Resultados del BEEP en segundo básico: dificultades de lectura en hijos de familias con educación superior.
Figura 4. Resultados del BEEP en segundo básico: dificultades de lectura en hijos de familias sin educación superior.
Figura 5. El modelo de Richmond.
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Este texto completo es la transcripción editada y revisada de una conferencia dictada en el marco de una Mesa Redonda organizada por la División de Política y Gestión en Salud, de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile, que se llevó a cabo en Santiago el 8 de noviembre de 2007.

Expositora: Judith S. Palfrey[1]

Filiación:
[1] Ex Directora del Hospital de Niños de Boston. Académica de la Escuela de Medicina y de la Escuela de Salud Pública, Universidad de Harvard, Estados Unidos

Citación: Palfrey JS. Education and health in early childhood. Medwave 2008 sep;8(8):e1667 doi: 10.5867/medwave.2008.08.1667

Fecha de publicación: 1/9/2008

Comentarios (1)

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Nombre/name: PAOLA RODRÍGUEZ
Fecha/date:
Comentario/comment:
ME ENCANTO EL ARTICULO, CREO QUE QUE ES LA BASE COMO PARA PODER DESARROLLAR UNA BUENA PRESENTACION, ADEMAS COMO TRABAJO EN ATENCION PUEDE SERVIR PARA QUE VEAMOS LA EVOLUCION QUE HEMOS TENIDO EN MATERIA INFANTIL


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