Estudio cualitativo
← vista completaPublicado el 29 de julio de 2026 | http://doi.org/10.5867/medwave.2026.06.3227
Estigma de depresión en Chile: estudio cualitativo sobre creencias, emociones y conductas relativas a personas con depresión
Depression stigma in Chile: A qualitative study of beliefs, emotions, and behaviors toward people with depression
Resumen
Introducción La depresión constituye una de las principales causas de discapacidad en Chile, afectando de manera significativa el bienestar y la participación social de las personas adultas. A pesar de su alta prevalencia, el estigma de depresión ha sido escasamente estudiado en el país. Considerando que sus manifestaciones varían según el contexto sociocultural, comprender cómo se configura en Chile resulta fundamental para desarrollar intervenciones pertinentes. En este marco, el estigma de depresión se examina a partir de sus componentes clásicos -estereotipos, prejuicios y discriminación a través de las creencias, emociones y conductas dirigidas hacia las personas que viven con depresión. El objetivo de este estudio es explorar, desde la perspectiva de personas adultas chilenas, las creencias socialmente compartidas sobre las personas que viven con depresión, así como las emociones y conductas dirigidas hacia ellas, y examinar en qué medida estos contenidos son significados como expresiones de estigma de depresión.
Métodos Se realizó un estudio cualitativo con muestreo intencional, aplicando criterios de representatividad mínima grupal según género, nivel socioeconómico y antecedentes de depresión. Participaron 66 personas adultas de tres regiones del país, en entrevistas individuales semiestructuradas. Las entrevistas fueron transcritas, revisadas, contrastadas con quienes participaron y codificadas por dos codificadores independientes. Posteriormente, se realizó un análisis de contenido con aproximación deductiva-inductiva, con apoyo del software Atlas.ti, cuyos resultados fueron triangulados.
Resultados Los hallazgos se organizaron en tres macrocategorías analíticas (creencias, emociones y conductas dirigidas hacia personas con depresión), coherentes con los componentes cognitivo, afectivo y conductual del estigma descritos en la literatura. Respecto de las creencias emergieron contenidos referidos a características afectivas, características comportamentales y atribuciones disposicionales asociadas a las personas con depresión. En emociones emergieron del tipo compasivas, defensivas y de malestar, además de desconexión afectiva. En conductas emergieron comportamientos de sobreprotección, distanciamiento social, invalidación y juicio, junto a guiones de interacción basados en la evasión y el apoyo.
Conclusiones Los hallazgos muestran que el estigma de depresión en Chile se configura mediante contenidos que, en distintos grados, son significados como estereotipos, prejuicios y discriminación. Las creencias articulan elementos vinculados tanto a la alfabetización en salud mental como a estereotipos; las emociones son principalmente significadas como expresiones de prejuicio; y las conductas dan cuenta de formas de discriminación sutil y manifiesta. Asimismo, algunos contenidos mostraron interpretaciones divergentes entre los participantes, particularmente entre quienes tenían y no tenían antecedentes de depresión. En conjunto, estos resultados permiten comprender cómo se estructura este fenómeno en el contexto chileno y ofrecen insumos para el desarrollo de instrumentos de evaluación y estrategias de intervención culturalmente pertinentes.
Ideas clave
- La depresión es un problema relevante de salud pública, y su estigmatización puede afectar la vida cotidiana, las relaciones sociales y la búsqueda de ayuda. A la fecha, en Chile no se ha caracterizado el estigma de depresión.
- Este estudio aporta evidencia sobre cómo se configura el estigma de depresión en personas adultas chilenas, identificando creencias, emociones y conductas que permiten comprender sus manifestaciones en el contexto sociocultural local.
- El estigma de depresión en Chile se estructura en torno a estereotipos, prejuicios y discriminación, articulando visiones estigmatizantes con contenidos de alfabetización en salud mental y conductas de apoyo e inclusión.
- Entre las limitaciones del estudio, cabe considerar que la cercanía de parte de la muestra con personas con depresión pudo influir en la estigmatización reportada.
Introducción
El estigma de depresión ha sido documentado a nivel internacional, mostrando efectos negativos sobre la inclusión social, el acceso y la adherencia al tratamiento, y la calidad de vida de las personas afectadas [1,2,3]. No obstante, gran parte de esta evidencia proviene de países anglosajones, lo que limita la comprensión de su expresión en otros contextos socioculturales, como América Latina y, particularmente, Chile [4,5]. Dado que el estigma es un fenómeno culturalmente situado, el presente estudio busca caracterizarlo a partir de las creencias, emociones y conductas de personas adultas chilenas.
Depresión como problema de salud pública
La Organización Mundial de la Salud (OMS [6]) estima que más de 300 millones de personas viven con depresión en el mundo, situándola entre las principales causas de carga de enfermedad a nivel global [7]. En Chile, es reconocida como un problema prioritario de salud pública, constituyendo una de las principales causas de discapacidad y pérdida de años de vida saludables [8]. En población adulta, la Encuesta Nacional de Salud 2016–2017 estimó una prevalencia de 6,2% [9], mientras que investigaciones recientes han informado una prevalencia de 13,7% de síntomas depresivos moderados a severos en adultos [10]. A ello se suma que la sintomatología depresiva se ha asociado con un mayor riesgo de mortalidad [11] y con una elevada comorbilidad con enfermedades crónicas, lo que incrementa la carga de enfermedad y complejiza su abordaje clínico [12].
Junto con lo anterior, la depresión genera un impacto multidimensional en la vida de las personas, afectando su funcionamiento cotidiano y su participación en los ámbitos personal, familiar y comunitario [13,14,15]. Estas consecuencias se expresan también en altos costos económicos a lo largo del ciclo vital [16,17]. Desde la perspectiva del presente estudio, la depresión es comprendida como un problema de salud mental cuya aparición, expresión y curso están influidos por la interacción de factores biológicos, psicológicos y socioculturales [6]. Su impacto no deriva únicamente de los síntomas y limitaciones asociados a la condición, sino también de las respuestas sociales que suscita. En este sentido, la estigmatización que enfrentan las personas con depresión constituye una expresión especialmente relevante de su impacto social. Aunque existen tratamientos efectivos para esta condición, el estigma constituye una de las principales barreras para el acceso a la atención en salud mental, incluso por sobre obstáculos de carácter estructural o económico [3,18,19].
Estigma de depresión
El estigma social se define como un proceso mediante el cual se atribuye a una persona una característica socialmente devaluada, como padecer depresión, lo que la configura como desviada o indeseable, llevándola a la pérdida de estatus y a la discriminación [19,20,21]. Este estigma se expresa a través de distintos componentes interrelacionados [22]. En primer lugar, los estereotipos son creencias sociales compartidas y sobre simplificadas respecto de un grupo social, que funcionan como marcos cognitivos para organizar la información sobre sus integrantes [23]. En segundo lugar, el prejuicio alude a las respuestas emocionales (generalmente negativas) dirigidas hacia dicho grupo [24]. Finalmente, la discriminación se manifiesta en conductas o prácticas concretas de trato diferencial y desventajoso hacia estas personas o grupos [25].
En conjunto, estos componentes permiten comprender el estigma como un proceso dinámico que articula creencias, emociones y conductas dirigidas hacia un grupo socialmente devaluado [26,27]. Este marco interpretativo ha sido desarrollado en modelos teóricos influyentes sobre estigma de salud mental, como el modelo cognitivo-social del estigma de Corrigan [28], y posteriormente operacionalizado en propuestas integradoras como Mental Illness Stigma Framework [22]. Desde esta perspectiva, la estigmatización social trasciende la realización de conductas discriminatorias. Además, permite comprender el fenómeno de manera articulada, considerando dimensiones cognitivas (estereotipos) y afectivas (prejuicio) dirigidas hacia el grupo socialmente devaluado.
El estigma de depresión dificulta el reconocimiento de esta como un problema de salud, desalienta la búsqueda de ayuda profesional, y se asocia con menor adherencia y mayor abandono terapéutico [29,30,31]. En efecto, las personas que viven con depresión identifican la vergüenza y el temor a ser percibidas como “débiles” o “inestables” entre las principales barreras para solicitar atención en salud mental [29,32]. Adicionalmente, el escaso apoyo del entorno favorece su aislamiento y contribuye a perpetuar las barreras de acceso [33]. La falta de acceso oportuno a atención en salud mental se asocia con un curso clínico desfavorable, una menor probabilidad de recuperación espontánea [34] y diversas repercusiones psicosociales. Entre estas últimas destacan conflictos familiares, dificultades económicas, ideación suicida, abandono de actividades cotidianas y disminución del rendimiento académico [35].
Aunque la investigación sobre estigma de depresión ha crecido de manera sostenida a nivel global, los análisis bibliométricos muestran que la producción científica sigue concentrándose en países anglosajones de altos ingresos, mientras que regiones como América Latina continúan escasamente representadas [36]. Esta brecha adquiere especial relevancia al considerar que el estigma social es un fenómeno situado [37,38], por lo que es esperable que los estereotipos, prejuicios y formas de discriminación hacia las personas con depresión varíen según el contexto cultural.
Contexto local y objetivos del presente estudio
En Chile, el estigma de depresión no ha sido descrito de manera específica. Aunque la evidencia disponible sugiere que la amenaza de estigmatización forma parte de la experiencia de personas que viven con depresión [39]; a la fecha, no se han caracterizado los estereotipos, prejuicios y conductas de discriminación que estructuran este fenómeno. En este sentido, esta investigación constituye uno de los primeros esfuerzos por describir el estigma de depresión en Chile. Contar con esta evidencia permitiría comprender cómo se configura este fenómeno en el contexto cultural chileno, así como también aportar insumos para el desarrollo de instrumentos de evaluación y de intervenciones de reducción del estigma culturalmente pertinentes.
Considerando este vacío de conocimiento, el presente estudio adopta como punto de partida el análisis del estigma público, entendido como la mirada de la sociedad mayoritaria hacia las personas que viven con depresión. Dado el carácter exploratorio del estudio, el análisis no asume la presencia de estigmatización de manera previa, sino que comienza por la identificación de las creencias socialmente compartidas, las emociones y las conductas dirigidas hacia estas personas, así como los significados que los propios participantes atribuyen a dichos contenidos. A partir de esta exploración, se examina en qué medida estas configuraciones pueden ser interpretadas como estigmatización hacia la depresión y cuáles son sus principales características.
En consecuencia, el objetivo general de este estudio fue explorar, desde la perspectiva de personas adultas chilenas, las creencias socialmente compartidas sobre las personas que viven con depresión, así como las emociones y conductas dirigidas hacia ellas. También se busca examinar en qué medida estos contenidos son significados como expresiones de estigma de depresión.
Métodos
Participantes
Se realizó un estudio cualitativo de alcance descriptivo con 66 personas adultas chilenas. La recolección de datos tuvo una duración de cinco meses (entre agosto y diciembre de 2024 y enero de 2025). Los criterios de inclusión fueron: tener 18 años o más, poseer nacionalidad chilena y residir en alguna de las tres regiones participantes. Como criterio de exclusión, se consideró estar cursando un episodio depresivo al momento de la entrevista, dado que la conversación podía reactivar malestar o ser vivida como una experiencia reestigmatizante.
Se utilizó un muestreo intencionado con estratificación teórica y criterios de variación máxima. El reclutamiento se efectuó por autoselección y bola de nieve, orientado a captar la heterogeneidad de perspectivas en torno al tema. La definición de los estratos se basó en tres variables identificadas como relevantes en la literatura: sexo, nivel socioeconómico y antecedentes de depresión. En particular, se ha reportado que los hombres tienden a expresar mayores niveles de estigmatización hacia los problemas de salud mental [37,40,41,42], que el nivel socioeconómico se asocia con variaciones en el nivel de estigmatización [43], y que la experiencia previa de depresión podría relacionarse con una menor adhesión al estigma hacia esta condición [44]. Con el fin de incorporar diversidad geográfica, se seleccionaron tres regiones de Chile con accesibilidad para el equipo de investigación, representativas de las macrozonas norte, centro y sur del país: Coquimbo, Metropolitana y La Araucanía. Estas regiones presentan perfiles estructurales diferenciados en términos de pobreza, urbanización y prevalencia de trastornos mentales [45,46], lo que permite capturar variaciones contextuales relevantes para el fenómeno estudiado. Estas regiones no operaron como criterio de estratificación combinatoria, sino como un eje complementario de diversificación del campo. Se procuró una distribución equilibrada según región y variables de estratificación, obteniéndose un mínimo de personas en cada una de las 12 celdas resultantes de la combinación de las variables sexo (hombre/mujer), nivel socioeconómico (alto, medio y bajo) y antecedentes de depresión (sí/no). El cierre muestral respondió al cumplimiento de estas cuotas y no al criterio de saturación teórica.
La muestra presentó una distribución relativamente equilibrada en cuanto a sexo, antecedentes personales de depresión y región de residencia. Respecto del nivel socioeconómico, se observó una mayor concentración en los niveles medios. Asimismo, entre quienes reportaron antecedentes de depresión, cerca de la mitad recibió tratamiento en salud mental, principalmente psicoterapia, el cual fue evaluado como muy útil. Por último, la mayoría de los participantes señaló antecedentes de depresión en personas de su entorno cercano (para más detalles, ver Tabla 1).
Técnica de recolección de datos
Se utilizó la técnica de entrevista semiestructurada de sesión única, con preguntas abiertas, orientada a explorar creencias, emociones y conductas hacia personas que viven con depresión. El guion fue validado por un comité compuesto por personas expertas por experiencia externas al equipo de investigación, investigadoras/es con experticia en salud mental y en procesos de rechazo intergrupal, y psicólogas/os con experticia en el área clínica en atención a personas con depresión y sus familias. Las preguntas siguieron una secuencia progresiva que comenzaba con temas generales sobre salud mental y avanzaba hacia la depresión y las personas que la padecen, orientándose a explorar creencias, emociones y conductas hacia ellas. Por ejemplo: ¿Qué es lo primero que viene a su mente cuando piensa en las personas con depresión?
Las entrevistas fueron realizadas de manera remota mediante Google Meet, tuvieron una duración aproximada de 60 a 90 minutos y estuvieron a cargo de cuatro psicólogas del equipo de investigación (tres con grado de Magíster), dos de ellas vinculadas a la universidad en la que se desarrolla el estudio como estudiantes de doctorado y magister, y las otras dos eran profesionales externas. Todas contaban con experiencia previa en contextos clínicos y laborales, con un rango de entre 2 y 13 años de experiencia profesional. Ninguna tenía relación previa con las/os participantes. Antes a la recolección de datos, participaron en un entrenamiento de cinco sesiones teórico-prácticas orientado a estandarizar la aplicación del protocolo. Este incluyó formación conceptual sobre estigma en salud mental y depresión, ejercicios de juegos de rol orientados al manejo de situaciones emocionalmente complejas. Por último, incluyó la realización de una entrevista simulada mediante Google Meet para reproducir las condiciones del contexto virtual de recolección de datos. El guion de entrevista no fue piloteado con participantes. Durante el trabajo de campo, el proceso fue supervisado por el equipo de investigación para resguardar la consistencia del procedimiento. Adicionalmente, se recolectaron antecedentes sociodemográficos y clínicos de quienes participaron.
Procedimiento
El protocolo fue aprobado por el Comité de Ética de la universidad en la que se desarrolla la investigación. El reclutamiento se realizó mediante una convocatoria difundida en redes sociales, que incluía un formulario en línea para la verificación preliminar de los criterios de inclusión y exclusión. Posteriormente, las personas elegibles fueron contactadas telefónicamente y se aplicó el Cuestionario de Salud del Paciente-9 (PHQ-9) [47] como tamizaje para descartar sintomatología depresiva significativa en curso, con fines de resguardo ético. Se utilizó un punto de corte de igual o superior a 10, correspondiente a sintomatología de intensidad moderada a severa [48], que puede indicar tanto un episodio depresivo activo como una remisión incompleta. Por tratarse de un criterio de exclusión con propósito de resguardo y no de diagnóstico, se optó por este umbral conservador a fin de proteger el bienestar de los participantes. De esta forma, quienes obtuvieron un puntaje igual o superior quedaron excluidos de participar en el estudio.
Durante el contacto telefónico se realizó el consentimiento informado, incluyendo objetivos del estudio, formación y rol del equipo entrevistador, condiciones de participación, resguardos éticos, uso de la información y compensación económica por el tiempo y recursos invertidos en participar ($10 000 CLP). No se comunicó información adicional sobre motivaciones personales o intereses específicos del equipo en el tema. El documento fue enviado por correo electrónico y firmado antes de la entrevista. Si bien las entrevistas se realizaron de forma remota, se solicitó a cada participante estar en un espacio privado y sin otras personas presentes, a fin de resguardar la confidencialidad. Todas las entrevistas fueron grabadas en audio, con autorización de quienes participaron. No se implementó un protocolo sistemático de notas de campo. Al finalizar, se realizó un cierre informativo mediante el envío de una infografía sobre estigma de la depresión con información general y datos de contacto de servicios gratuitos de apoyo en salud mental. La retribución se entregó mediante transferencia bancaria.
Las entrevistas fueron transcritas con Sonix.ai y revisadas manualmente. Durante este proceso, las transcripciones fueron anonimizadas asignando un código a cada participante. Como estrategia de credibilidad, fueron enviadas a los participantes para su revisión, sin que se solicitaran modificaciones. Las transcripciones se guardaron en un disco duro encriptado con clave, al que solo accedió el equipo encargado del análisis de datos. En total, dos personas no completaron su participación: una fue excluida durante el tamizaje por sintomatología depresiva clínicamente relevante y recibió orientación en salud mental; otra se retiró voluntariamente tras firmar el consentimiento.
Análisis de datos
Se realizó un análisis de contenido con enfoque mixto deductivo-inductivo, con apoyo del software Atlas.ti versión 25, orientado a identificar y clasificar unidades de significado presentes en los relatos de quienes participaron [49]. El análisis se sustentó en la teoría del estigma [27,31], que lo conceptualiza como un fenómeno compuesto por estereotipos, prejuicios y discriminación. Estos componentes se utilizaron como categorías analíticas predefinidas para orientar el proceso de codificación.
La codificación fue realizada por un equipo de siete personas organizado en dos grupos, asignándose cada entrevista dos codificaciones independientes. Este proceso se desarrolló en dos etapas [50]. En la primera, se elaboró un libro de códigos preliminar utilizado como referencia común. En la segunda, se incorporaron códigos y subcategorías emergentes con el fin de describir con mayor precisión los contenidos expresados en las entrevistas. Finalmente, se empleó el método comparativo constante [51], que permitió verificar la pertinencia de las citas respecto de los códigos que las agrupan, así como refinar las categorías analíticas [52]. Los árboles de códigos resultantes del análisis se presentan como material suplementario (ver
Reflexividad
El equipo de investigación estuvo integrado por profesionales con formación en psiquiatría y/o psicología social con trayectorias diversas, incluyendo experiencia en investigación sobre estigma de salud mental u otras líneas de investigación, y experiencia personal o familiar de la depresión. Se reconoce que esta diversidad pudo influir de manera variable a lo largo del proceso investigativo, constituyendo tanto un recurso analítico como una fuente potencial de sesgo. Ambos aspectos fueron abordados mediante discusión reflexiva entre quienes integraron el equipo. No se realizó verificación de hallazgos con los participantes del estudio.
Resultados
El análisis de contenido se organizó en tres macrocategorías analíticas: creencias, emociones y conductas dirigidas hacia las personas que viven con depresión.
Creencias sobre personas con depresión
Dentro de esta macrocategoría se distinguieron tres categorías principales:
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Características afectivas.
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Características comportamentales.
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Atribuciones disposicionales.
Las citas ilustrativas se pueden observar en la Tabla 2.
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Características afectivas. Esta categoría agrupa un conjunto de creencias que describen a las personas que viven con depresión, en función de las características emocionales que se les atribuyen. Asimismo, corresponde al tema que emergió con mayor espontaneidad cuando se solicitó describir a una persona con depresión. En estos relatos, las personas con depresión aparecen caracterizadas por un estado predominante de aplanamiento afectivo, desmotivación y tristeza. Adicionalmente, se les caracteriza como personas emocionalmente desbordadas, vulnerables y en permanente riesgo suicida. Se plantea que estas manifestaciones no siempre resultan evidentes para el entorno, especialmente cuando la persona mantiene un comportamiento funcional.
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Características comportamentales. Esta categoría agrupa creencias relativas a las conductas que se atribuyen a las personas que viven con depresión. El aislamiento social aparece como la conducta más frecuente, representando a la persona con depresión como alguien que se mantiene apartada de los demás, permanece en casa o en la cama, reduciendo significativamente sus interacciones sociales. Asimismo, los relatos las caracterizan como ineficientes laboralmente, incapaces de desenvolverse adecuadamente en actividades cotidianas (por ejemplo en lo relativo a higiene personal, trabajo), flojas y como una carga para su entorno. Se las describe también como personas que suelen ocultar su diagnóstico. Ello refuerza la percepción de que resulta difícil relacionarse adecuadamente con quienes padecen depresión.
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Atribuciones disposicionales. Esta categoría agrupa creencias que describen a las personas con depresión a partir de rasgos personales que se consideran estables. Entre las más reportadas destacan la idea de que son incapaces de recuperarse, que necesitan atención constante y son débiles. Estas atribuciones en algunos relatos se vinculan a explicaciones sobre el origen de la depresión, centradas en características individuales de quien la padece. Asimismo, se las describe como personas raras, locas, negativas y exageradas. Estas últimas atribuciones mostraron mayor variabilidad entre los participantes, dado que no son suscritas por todos, sino que son frecuentemente reconocidas como ideas de su entorno social.
Emociones hacia personas con depresión
Las emociones se organizaron en torno a tres categorías:
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Emociones compasivas.
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Emociones defensivas y malestar.
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Desconexión afectiva.
Los ejemplos pueden observarse en la Tabla 3.
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Emociones compasivas. Esta categoría agrupa emociones orientadas al reconocimiento del sufrimiento de quienes viven con depresión. Las más reportadas fueron la tristeza y la preocupación, las que tienden a experimentarse con mayor intensidad cuando existe un vínculo cercano, así como empatía y comprensión. En algunos relatos también aparecieron la lástima y la desesperanza frente a la percepción de que la persona difícilmente logrará recuperarse. Estas últimas dos emociones fueron interpretadas de manera divergente por las personas entrevistadas, pues quienes no tenían antecedentes de depresión las connotaron positivamente, mientras que quienes sí la han padecido las consideran estigmatizantes.
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Emociones defensivas y malestar. Esta categoría agrupa emociones negativas que emergen en la interacción con personas que viven con depresión, y que expresan malestar interpersonal y reacciones defensivas. La emoción más frecuentemente reportada fue el miedo a que la persona empeore o se suicide, lo que puede motivar un trato paternalista. También se reportó impotencia ante la percepción de no poder ayudar de manera significativa. Adicionalmente, se reportó rabia hacia la persona con depresión, vinculada a la creencia de que su recuperación depende de su voluntad. Esta emoción se reporta mayoritariamente como una reacción de personas del entorno y no de las y los participantes. Junto con ello, se señala el cansancio en la interacción con personas con depresión, sobre todo de su entorno más cercano, vinculado a la creencia (antes mencionada) de que la persona es una carga para ellos. Finalmente, los relatos relevan emociones de incomodidad y ansiedad en la interacción social con personas con depresión, que llevaría a una mayor cautela en la interacción, debido al temor de cometer errores que puedan tener efectos negativos, como inducir pensamientos suicidas. La interpretación de esta cautela difirió entre los participantes. Mientras algunos la comprendieron como una manifestación de preocupación y cuidado, quienes tenían antecedentes de depresión con mayor frecuencia la significaron como una forma de exclusión social.
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Desconexión afectiva. Esta categoría agrupa relatos que expresan distancia emocional frente al sufrimiento de las personas que viven con depresión. La emoción más reportada fue la indiferencia, la cual es interpretada por algunos participantes como característica de la sociedad chilena, percibida como crecientemente individualista. Asimismo, esta respuesta se vinculó con creencias que invalidan la depresión como enfermedad. Según los relatos, el ámbito laboral sería el espacio donde esta respuesta aparece con mayor frecuencia, especialmente entre personas sin vínculos cercanos.
Conductas hacia personas con depresión
Los hallazgos sugieren que la forma de interactuar con las personas con depresión depende del vínculo previo que se tenga con ellas, de modo que la cercanía afectiva parece modular el tipo de conducta desplegada. Asimismo, aunque se menciona que el conocimiento sobre la depresión habría aumentado, ello no necesariamente se ha traducido en una disminución de las conductas discriminatorias hacia quienes la padecen. A partir del análisis de los relatos, estas conductas se organizaron en cuatro categorías principales:
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Sobreprotección.
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Distanciamiento social.
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Invalidación y juicio.
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Guiones de interacción.
En la Tabla 4 se presentan las citas ilustrativas.
Sobreprotección. Esta categoría agrupó acciones orientadas a supervisar y dirigir el comportamiento de la persona con depresión. Las prácticas descritas adoptan tres formas principales:
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Monitoreo, referido a mantenerse alerta y vigilante a las acciones de la persona con depresión junto con acciones de cuidado acompañadas de sugerencias, especialmente en relación con la búsqueda de ayuda profesional.
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Presión e insistencia, referida a solicitudes directas y a veces recurrentes para que la persona cambie su comportamiento o estado emocional. Desde la perspectiva de quienes las han experimentado, estas prácticas pueden resultar estigmatizantes, al ser interpretadas como cuestionamientos a su forma de comportarse o como expectativas de que deberían sentirse mejor.
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Infantilización, referida a formas de trato caracterizadas por la atribución de fragilidad, la sobreprotección y el uso de lenguaje infantilizado hacia la persona con depresión (por ejemplo a través del uso de diminutivos).
Distanciamiento social. Esta categoría agrupó conductas de rechazo o exclusión hacia las personas con depresión. Entre las más frecuentes se mencionó la evitación. Estas prácticas aparecen vinculadas a la necesidad de protegerse del desgaste que puede generar la interacción con personas que viven con depresión.
Invalidación y juicio. Esta categoría agrupó conductas dirigidas hacia personas con depresión que implican deslegitimar su malestar. Estas conductas se expresaron en el cuestionamiento del diagnóstico o de la veracidad del sufrimiento, bajo la idea de que no existirían razones suficientes para tener depresión.
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Evasión, que incluye evitar hablar sobre temas relacionados con la depresión y la muerte, ser condescendiente en el trato, abordar con delicadeza los temas tristes e intentar distraer a la persona con actividades lúdicas. Mientras algunas de estas conductas fueron descritas como formas de protección orientadas a evitar malestar adicional, participantes con antecedentes de depresión señalaron que podían traducirse en experiencias de exclusión, particularmente cuando implicaban ser omitidos de conversaciones relevantes o recibir únicamente información positiva sobre acontecimientos compartidos.
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Apoyo e inclusión, que reúne conductas como la escucha activa, el acompañamiento, la contención, el motivar a la persona y validar su malestar.
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Monitoreo, referido a mantenerse alerta y vigilante a las acciones de la persona con depresión junto con acciones de cuidado acompañadas de sugerencias, especialmente en relación con la búsqueda de ayuda profesional.
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Presión e insistencia, referida a solicitudes directas y a veces recurrentes para que la persona cambie su comportamiento o estado emocional. Desde la perspectiva de quienes las han experimentado, estas prácticas pueden resultar estigmatizantes, al ser interpretadas como cuestionamientos a su forma de comportarse o como expectativas de que deberían sentirse mejor.
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Infantilización, referida a formas de trato caracterizadas por la atribución de fragilidad, la sobreprotección y el uso de lenguaje infantilizado hacia la persona con depresión (por ejemplo a través del uso de diminutivos).
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Distanciamiento social. Esta categoría agrupó conductas de rechazo o exclusión hacia las personas con depresión. Entre las más frecuentes se mencionó la evitación. Estas prácticas aparecen vinculadas a la necesidad de protegerse del desgaste que puede generar la interacción con personas que viven con depresión.
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Invalidación y juicio. Esta categoría agrupó conductas dirigidas hacia personas con depresión que implican deslegitimar su malestar. Estas conductas se expresaron en el cuestionamiento del diagnóstico o de la veracidad del sufrimiento, bajo la idea de que no existirían razones suficientes para tener depresión.
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Guiones de interacción. Esta categoría reunió relatos sobre lo que los participantes consideran adecuado hacer en la interacción con una persona con depresión. Estas conductas se organizaron en dos subcategorías:
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Evasión, que incluye evitar hablar sobre temas relacionados con la depresión y la muerte, ser condescendiente en el trato, abordar con delicadeza los temas tristes e intentar distraer a la persona con actividades lúdicas. Mientras algunas de estas conductas fueron descritas como formas de protección orientadas a evitar malestar adicional, participantes con antecedentes de depresión señalaron que podían traducirse en experiencias de exclusión, particularmente cuando implicaban ser omitidos de conversaciones relevantes o recibir únicamente información positiva sobre acontecimientos compartidos.
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Apoyo e inclusión, que reúne conductas como la escucha activa, el acompañamiento, la contención, el motivar a la persona y validar su malestar.
Discusión
Esta investigación exploró las creencias, emociones y conductas de personas adultas chilenas hacia quienes viven con depresión. Los hallazgos muestran que estos contenidos difieren en su carácter estigmatizante, dado que algunos no constituyen expresiones de estigma, mientras que otros resultan controvertidos, en la medida en que su clasificación como tal depende de la forma en que son significados por quienes participaron en el estudio. De este modo, el estigma de depresión no emerge como un fenómeno uniforme, sino como un conjunto de expresiones heterogéneas que, en distintos grados, pueden comprenderse como estereotipos, prejuicios y discriminación.
Respecto de las creencias sobre las personas con depresión, tanto en las características afectivas como en las comportamentales, se observan contenidos que coinciden parcialmente con manifestaciones de la depresión reconocidas en los sistemas diagnósticos en salud mental, junto con otros de carácter más estereotípico. Por una parte, la vinculación entre depresión y tristeza, desesperanza, pensamientos de muerte o suicidio, retraimiento social y dificultades en el funcionamiento cotidiano; resulta consistente, al menos en parte, con los criterios diagnósticos descritos en el Manual de Diagnóstico y Estadísticas para Enfermedades Psiquiátricas (del inglés Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, DSM) [53] y la Clasificación Internacional de Enfermedades, 11° revisión (CIE-11) [54], lo que podría reflejar cierto grado de alfabetización en salud mental [55]. Sin embargo, también emergen contenidos sesgados y estigmatizantes, como la idea de un desborde emocional permanente, la asociación generalizada entre depresión y suicidio, o la caracterización de estas personas como flojas o una carga para los demás. Esta lógica se expresa con mayor claridad en las atribuciones disposicionales, donde la depresión se interpreta como reflejo de rasgos personales estables. Así, características como debilidad, exageración, ineficiencia laboral, incapacidad para recuperarse, necesidad de atención constante, rareza o exageración; no describen el cuadro depresivo, sino que lo resignifican como una falla individual.
Respecto de las emociones, los hallazgos sugieren que no todas pueden comprenderse como prejuicio hacia las personas con depresión. Emociones como la preocupación, el cuidado, la empatía y la comprensión se vinculan más bien a respuestas prosociales, especialmente cuando emergen en contextos de cercanía relacional [56]. Otras, en cambio, podrían resultar ambiguas en su interpretación. El malestar, expresado en el miedo a que la persona se dañe a sí misma o en la ansiedad e incomodidad durante la interacción, parece vincularse a respuestas de sobreprotección o paternalismo. Sin embargo, en la experiencia de las personas entrevistadas, estas emociones son significadas como una forma de exclusión. La indiferencia, aunque es descrita como característica del contexto social chileno, es vivida por quienes tienen depresión como una forma de invalidación personal. Del mismo modo, la lástima, aunque puede presentarse como una reacción compasiva, también es significada como una forma de desvalorización. Esto coincide con la literatura sobre prejuicio paternalista, según la cual ciertos grupos pueden suscitar lástima, simpatía y protección, pero a la vez ser posicionados como menos competentes y menos autónomos, dando lugar a formas sutiles de exclusión [57,58]. Finalmente, la rabia aparece como la emoción más claramente prejuiciosa, y se articula con la idea de que la recuperación depende de la voluntad individual, reforzando atribuciones de responsabilidad personal sobre la depresión. Esto coincide con la literatura internacional sobre estigma de depresión, en la que la recuperación suele asociarse a factores volitivos [2,59].
En la dimensión conductual, los hallazgos muestran un amplio repertorio de comportamientos hacia las personas con depresión. Entre ellos se identifican conductas de apoyo social, así como formas de discriminación tanto manifiestas como sutiles. La distancia social aparece, en línea con la literatura, como uno de los principales mecanismos de exclusión social [60,61]. Los relatos la vinculan al desgaste emocional y la incomodidad que implica la interacción con personas con depresión. Del mismo modo, la invalidación del diagnóstico y el cuestionamiento de la legitimidad de la depresión son formas explícitas de discriminación [2,61]. Junto con ello, emergen formas ambivalentes, en las que el cuidado se mezcla con compasión, paternalismo y control. En este marco, los hallazgos relativos al monitoreo y la presión requieren una interpretación cuidadosa. En contextos clínicos específicos, particularmente ante cuadros depresivos graves o con riesgo suicida, el monitoreo constituye una práctica recomendada y una expresión de apoyo social consistente con las indicaciones terapéuticas. Desde esta perspectiva, dichas conductas no pueden ser consideradas intrínsecamente estigmatizantes. Sin embargo, nuestros resultados sugieren que, cuando estas respuestas emergen de manera generalizada ante la sola presencia de depresión, independientemente de la gravedad del cuadro o de las necesidades expresadas por la persona, pueden adquirir un significado diferente. Diversos participantes describieron estas conductas como experiencias de vigilancia, sobreprotección o pérdida de autonomía. Esta interpretación es consistente con el modelo del contenido del estereotipo [58], que describe formas paternalistas de prejuicio caracterizadas por una combinación de preocupación y percepción de incompetencia, cuyo correlato conductual incluye la sobre ayuda, la protección excesiva y la supervisión. De manera convergente, Link y Phelan [21] sostienen que el estigma no se limita al rechazo abierto, sino que también puede manifestarse mediante prácticas que reducen la autonomía de las personas y refuerzan relaciones asimétricas de poder. Asimismo, Corrigan y Watson [27] señalan que respuestas aparentemente benevolentes, como la lástima y sobre ayuda, pueden constituir formas de estigmatización al implicar una percepción de incapacidad. En consecuencia, el significado social del monitoreo parece depender del contexto y de la forma en que es experimentado por quienes viven con depresión.
Esta complejidad también se observa en los guiones de interacción. Aunque la evasión de ciertos temas puede entenderse como una forma de protección, resulta problemática cuando implica silenciar el malestar, sobre todo porque contradice las recomendaciones internacionales sobre prevención del suicidio, que enfatizan la necesidad de reducir el estigma, favorecer conversaciones abiertas sobre el suicidio y promover respuestas de escucha [62]. En contraste, las conductas de apoyo e inclusión son respuestas prosociales, alineadas con las recomendaciones de primeros auxilios en salud mental. En línea con evidencia internacional, estos hallazgos reflejan la coexistencia de experiencias de apoyo y de formas ambivalentes de interacción en la vida cotidiana [63].
De manera transversal a todos los componentes previamente revisados, un hallazgo relevante es que diversas respuestas asociadas a la preocupación o la protección adquieren significados distintos según cómo son experimentadas por quienes viven con depresión. Mientras algunos participantes las describen como expresiones de apoyo, otros las interpretan como formas de exclusión, invalidación, pérdida de autonomía o estigmatización. Estas diferencias fueron especialmente visibles en relación con emociones como la lástima y la desesperanza, así como en prácticas de monitoreo, evasión, cautela e insistencia. En este sentido, el carácter potencialmente problemático de determinadas respuestas no depende únicamente de la intención con que son realizadas, sino también de los significados que les atribuyen quienes las reciben.
Más allá de los componentes del estigma, los hallazgos además señalan al ámbito laboral como uno de los espacios donde el estigma de depresión se expresa con mayor fuerza, lo que lo vuelve un contexto especialmente relevante para la intervención. En esta línea, la literatura sugiere que las estrategias basadas en el contacto con personas del grupo estigmatizado figuran entre las más eficaces para reducir el estigma [63]. Dado que en los espacios de trabajo convergen personas diversas en interacciones sostenidas en torno a objetivos comunes, estos podrían ofrecer condiciones favorables para este tipo de intervención. En el contexto chileno, esto refuerza la pertinencia de desarrollar estrategias de reducción del estigma en espacios laborales. Sin embargo, su efectividad no depende solo del contacto, sino de condiciones institucionales que promuevan interacciones respetuosas y no discriminatorias [63].
Entre las fortalezas del estudio, destaca la inclusión de participantes con distintas características sociodemográficas, lo que favorece la transferibilidad de los hallazgos dentro del contexto estudiado. Asimismo, la metodología permitió identificar configuraciones del estigma de depresión que podrían pasar inadvertidas mediante la utilización de instrumentos desarrollados en otros contextos culturales. En este sentido, estos hallazgos son un insumo relevante para desarrollo de instrumentos de medición del estigma de depresión en Chile. Estos permitirán caracterizar dicho fenómeno, junto con examinar su relación con indicadores de salud mental y conductas de ayuda. Futuros estudios con diseños cuantitativos permitirían corroborar si los contenidos cuya pertenencia al constructo resultaron ambiguos, además de evidenciar validez empírica como componentes del mismo.
No obstante, estos resultados deben interpretarse considerando algunas limitaciones. En primer lugar, la alta proximidad social de parte importante de la muestra con personas que han vivido depresión pudo haber influido en los resultados al favorecer mayores niveles de alfabetización en salud mental y una comprensión más situada del fenómeno. Esto podría asociarse tanto a una menor expresión de estigmatización explícita como a una mayor capacidad para reconocerla en contextos cotidianos. En este sentido, la experiencia directa o indirecta con la depresión puede influir tanto en la disposición a expresar actitudes estigmatizantes como en la forma de interpretarlas, especialmente en conductas ambiguas.
En segundo lugar, el cierre muestral respondió al cumplimiento de cuotas definidas a priori y no al criterio de saturación teórica, lo que implica que esta no fue monitoreada durante el trabajo de campo. Sin embargo, la estrategia de variación máxima, junto con estratificación por variables relevantes y la diversificación geográfica, buscó favorecer la suficiencia de los datos a través de la cobertura de perspectivas heterogéneas.
Adicionalmente, dos entrevistadoras participaron en la validación del guion, la conducción de las entrevistas y posteriormente se integraron al proceso de codificación, lo que podría haber influido en la interpretación de los datos, Para reducir este riesgo, el análisis fue realizado por un equipo de siete codificadores, cinco de ellos sin participación en el trabajo de campo, mediante codificación independiente, triangulación de resultados, capacitación previa y supervisión continua.
Finalmente, aunque el diseño muestral incorporó variables relevantes para favorecer la diversidad de perspectivas, el estudio no tuvo como objetivo comparar sistemáticamente las manifestaciones del estigma entre los distintos grupos incluidos. Futuras investigaciones podrían profundizar en posibles variaciones en la configuración del estigma según distintos grupos sociales. En particular, resulta relevante explorar potenciales diferencias de género, considerando la mayor prevalencia de depresión en mujeres, tanto a nivel nacional como internacional. Asimismo, diversos estudios han documentado mayores niveles de estigmatización hacia los problemas de salud mental entre los hombres, así como actitudes menos favorables hacia el reconocimiento del malestar psicológico y la búsqueda de ayuda [37,40,41,42]. Del mismo modo, el ámbito laboral emergió en los relatos de los participantes como un espacio especialmente relevante para la reproducción de prácticas estigmatizantes hacia las personas con depresión, por lo que futuras investigaciones podrían examinar con mayor detalles las características y consecuencias de estas experiencias.
Conclusión
Este estudio muestra que el estigma hacia la depresión en Chile no se expresa únicamente a través del rechazo abierto, sino también mediante formas sutiles y ambivalentes que pueden resultar igualmente dañinas. Esto tiene implicancias directas para la salud pública: las estrategias antiestigma que se centren solo en expresiones abiertamente negativas pueden pasar por alto formas de trato que, aunque no sean percibidas como hostiles, contribuyen igualmente a la exclusión y al sufrimiento.
La evidencia situada que este estudio aporta sobre el fenómeno en Chile, puede así orientar el diseño de intervenciones y políticas de salud mental culturalmente pertinentes.