Análisis

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Neurosis posmodernas: análisis desde la logoterapia

Postmodern neuroses: Analysis from logotherapy

Resumen

Este artículo de método hermenéutico crítico, realizó una exégesis sobre el surgimiento de nuevas neurosis descritas desde el campo académico de la logoterapia, filosofía y psicología social en la posmodernidad. Su centro de estudio es el factor sociógeno y noógeno (espiritual). Para esto, el objetivo que se planteó fue realizar un análisis desde la logoterapia sobre las neurosis posmodernas de origen sociógeno y noógeno. Guiados desde una postura de análisis existencial, se entiende que estas neurosis posmodernas contribuyen a la proliferación de un malestar psicosocial silencioso que tiene origen en las ideologías posmodernas. Es así que este estudio se dio desde un enfoque metaclínico y paraclínico de análisis logoterapéutico, explorando los factores ideológicos y sociales que originan estas perturbaciones. Dentro de estas neurosis posmodernas encontramos a la algofobia como el miedo generalizado al sufrimiento humano, la hipocondría emocional como la neurosis de la felicidad constante, la depresión narcisista como el abatimiento del sujeto de rendimiento, la neurosis noógena como la frustración existencial de la época y el nihilismo masificado como el vacío y la pérdida de la esperanza en la vida. Estas neurosis promueven una crisis existencial dentro de las masas sociales posmodernas, que desde la logoterapia se entiende como una pérdida progresiva de los valores de autorrealización y el sentido.

Ideas clave

  • Desde la logoterapia las neurosis posmodernas son parte del estudio paraclínico de origen sociógeno, ideológico y metaclínico dado en el factor noógeno.
  • Hasta el momento, este tipo de neurosis no se encuentran dentro de los manuales diagnósticos.
  • Nuestro trabajo contribuye al conocimiento de causas, síntomas y consecuencias de las neurosis posmodernas, a través de la clasificación metaclínica y paraclínica, lo que permite orientar su atención con políticas públicas y de salud mental que lleven a su prevención e intervención más precisa.

Introducción

La posmodernidad hace referencia a la irracionalidad, la primacía de la subjetividad y los sentimientos sobre la razón [1], hechos que surgen en la década de 1950 bajo autores existencialistas y psicoanalistas como Jean Paul Sartre, Jacques Derrida, Sigmund Freud, Michel Foucault, entre otros. Ellos comprendían que la racionalidad no podía explicar la naturaleza humana verdadera, y que el inconsciente o la subjetividad debía ser parte de la construcción social. Por lo tanto, bajo los cuestionamientos del uso de la razón, surgen nuevas ideologías amparadas en la primacía de la relevancia de los sentimientos, pulsiones y deseos que poco a poco se configuraron como nuevas verdades en la sociedad y la educación. Para explicar estas nuevas formas de pensamiento en las ideologías posmodernas, podemos primero hablar de la posverdad, término añadido por primera vez en el diccionario de Oxford en el año 2016 y luego en la Real Academia Española (RAE), para denotar el uso del discurso irracional y subjetivo [2]. Es así como en la sociedad del Siglo XXI la razón humana deja paso progresivamente a un voluntarismo nominalista, bajo el decreto de deseos personales y sin una verdad objetiva como valor superior. Desde allí se construye también al sujeto psicopolítico, que a partir de una estrategia paradójica de libertad y autoseducción se somete al consumo constante de la vida, siendo la explotación de sus sensaciones y emociones en la red parte esencial en este proceso [3,4]. De este modo la posverdad y la configuración del sujeto psicopolítico en la posmodernidad, han generado ideologías masificadas de centramiento en la subjetividad y la explotación de los deseos.

En la última época, reportes de un aumento de la depresión y la ansiedad en la generación iGen han sido consecuencia de ideologías posmodernas centradas en la subjetividad y explotación de emociones [5]. Estas ideologías han promovido tendencias de ultraseguridad emocional a través de tres grandes distorsiones cognitivas o falsedades de la mente, como es el razonamiento emocional (siempre haz caso a tus emociones, ellos siempre te guían), la polarización del pensamiento (la lucha de los malos contra los buenos) y el catastrofismo (lo que no te mata te hace más débil). En consecuencia, las nuevas ideologías posmodernas también están dadas desde una ultraseguridad emocional que hace vulnerable y frágil la psique humana para afrontar adversidades. Junto al discurso irracional en la posverdad y una explotación de las sensaciones desde la psicopolítica, la ultraseguridad emocional también se configura como parte de una triada causal para la aparición de ideologías posmodernas que afectan a la salud mental [3,5,6].

Dentro de estas ideologías posmodernas el ser humano pasa a concebirse ya no como un proyecto sólido, perdurable en el tiempo, sino como alguien líquido, inestable y vacío que tiene que construirse constantemente según sus apetencias y sentimientos [7,8]. Siguiendo el planteamiento logoterapéutico, estas formas de procesos sociales surgidas en las ideologías posmodernas, desde las reflexiones filosóficas y la psicología social contemporánea; se conciben para nuestro análisis como una forma paraclínica de neurosis. Esta es la consecuencia de un factor sociógeno que, desde una iatrogenia de índole ideológica, social y política; fomenta una pandemia psíquica en las masas de narcisismo, autoseducción consumista y estados de depresión [9,10,11]. Asimismo, existe otro tipo de neurosis que desde la logoterapia es denominada metaclínica. Esta se manifiesta en el factor noético (espiritual), teniendo en las dudas o crisis existencial por una falta de sentido [12] su estudio dentro de nuestra reflexión. Esta crisis existencial en las masas posmodernas no es de índole patológico [9], pero si no se encuentran respuestas para un propósito vital, la persona puede quedar frustrada existencialmente y caer en una triada neurótica de la época, como es el suicidio, la agresión y la adicción [13], entre otros trastornos como la ansiedad y depresión dados por una sociedad necesitada de sentido [14]. Estos hechos metaclínicos también pueden manifestarse bajo una forma de pensamiento de nihilismo social, que lleva al vacío de la vida afectiva y a una apatía hiperactiva [15]. La Figura 1 presenta el análisis que se ha realizado sobre la clasificación, origen y síntomas de las neurosis posmodernas.

Neurosis posmodernas.

Clasificación y comparación de las neurosis posmodernas
Fuente: elaborada por los autores.
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Por todo lo expuesto, las razones que llevaron al presente estudio, es una salud mental individualizada, que no advierte sobre estructuras ideológicas patógenas o existenciales que llevan a síntomas neuróticos. Es así como la exploración de las causas, síntomas y clasificación de estas neurosis puede abrir un campo nuevo de estudio dentro de la psicología social y la salud mental. Por este motivo se optó por una investigación de método hermenéutico crítico, que llevó al análisis de una realidad social poco estudiada hasta el momento dentro del campo académico. Por lo tanto, el objetivo que guio la investigación fue el realizar un análisis desde la logoterapia sobre las neurosis posmodernas de origen sociógeno y noógeno. Para esto, en un primer momento se abordaron las características ideológicas sociales de la algofobia, la depresión narcisista y la hipocondría emocional desde una categoría de análisis paraclínico. En un segundo momento, se analizó la segunda categoría desde una metaclínica logoterapéutica, siendo el factor noético dado por una crisis existencial de la época que lleva a la neurosis noógena y al nihilismo masificado. Por último, en un tercer momento se analizó qué perspectivas de futuro tendría para la salud mental el estudio de las neurosis posmodernas.

Neurosis posmodernas paraclínicas

Realizando un análisis de nuestro tiempo se pueden evidenciar, en el contexto psicosocial, político y educativo, síntomas de una proliferación de ideologías livianas y nuevas modas de culto al yo [7] con una creciente política paliativa, dada a suprimir todo tipo de sufrimiento como narración [16]. Todo esto, bajo un gobierno de algoritmos o infocracia de escenarios virtuales, propio de una autoseducción de masas [8]. Asimismo, algunas nociones ideológicas que conciben al ser humano como perverso, antropocentrista y patriarcal, son discursos que se explayan desde la academia y se masifican en la sociedad, creando resentimiento, frustración, depresión y hostilidad en las personas [17]. A los difusores de estas ideologías, el psicólogo Jordan Peterson los denomina como los autoproclamados jueces de la raza humana. Dicha expresión es la que utiliza para describir el sesgo o miopía intelectual de estos razonamientos, abogando para una mejora en la salud mental: abandonar la ideología [18].

Por otro lado, las ideologías de una venta del consumo de la felicidad y el éxito en la educación y sociedad [19], junto a un imperativo de rendimiento constante para conseguir la autorrealización [20]; también generan en la posmodernidad una problemática de índole paraclínico o sociógeno, llevando a la frustración existencial [11]. Desde un factor sociógeno, estas descripciones de índole sintomático-sociógeno generan nuevas neurosis paraclínicas, porque son dadas desde un ámbito ideológico-social. Estas neurosis también pueden relacionarse con la pérdida de sentido (noógeno) y el nihilismo masificado, que se contempla como un factor noético o metaclínico, aunque su estudio fundamentalmente está enraizado como consecuencia de ideologías sociales y políticas (paraclínico).

Dentro de estas neurosis posmodernas paraclínicas podemos mencionar, según lo reportado en el análisis de literatura académica las siguientes:

Algofobia

La sociedad paliativa y el exceso de positividad traen consigo un fenómeno psicológico que se denomina algofobia o miedo generalizado al sufrimiento y esfuerzo. Este prolifera cada vez más en las sociedades occidentales como parte de una pérdida primaria del sentido de vida [16]. Cuando se acalla el propósito vital del hombre, el cuerpo tiene una relevancia superior sobre su espíritu. Es por esto que la algofobia se percibe como un estado de optimización constante del rendimiento de la psique y el cuerpo, donde el sufrir genera fobia. Además, esta a su vez es vista como parte de una censura o descarte [3], en un tiempo donde todo se reduce a la ideología del rendimiento y optimización constante de la vida. Para la sociedad paliativa, el sufrimiento no puede tener ningún valor, y solo la positividad de nuevas experiencias placenteras y el éxito constante pueden ser parte de la realización humana. Byung-Chul Han señala como exceso de positividad a todo lo que es parte de nuestro narcisismo. Esto se entiende como proyecciones de una personalización que hacen preferir siempre el infierno de lo igual, dado por nuestros deseos, preferencias y aspiraciones individualistas [21], en una sociedad que nos ofrece píldoras o analgésicos para el dolor, pero no un sentido real para el alma frente al sufrimiento.

Las características sintomáticas de la algofobia se pueden vislumbrar en tres síntomas sociógenos:

  1. Surgimiento de un cuerpo y psicología hedónica: como resultado de una psicopolítica [16] donde el soma y la psique se vuelven frágiles y vulnerables por el privilegio de experiencias positivas a las negativas. La ausencia de una negatividad y alejamiento de todo dolor, evidenciados con términos como persona tóxica o toxicidad emocional [22], denotan una aversión y un distanciamiento de personas y experiencias que pueden causar algún tipo de dolor emocional, volviendo más vulnerable a la psique de la persona para enfrentar desafíos, problemas o conflictos reales. Dentro de este síntoma también se da una ley del mínimo esfuerzo [23] basada en decisiones automáticas, poco razonadas y movidas por sensaciones y razonamientos emocionales (Sistema 1), que causan menos dolor o esfuerzo a un sistema cognitivo perezoso (Sistema 2) y acostumbrado a un hedonismo psicológico, siendo la ley del mínimo esfuerzo también una de las trampas de la sociedad y educación actual [24]. Dentro del soma, este síntoma se configura como una exhibición de la positividad del cuerpo, presentándose pulido y lo más estético posible, aunque sea en apariencia [25], recurriendo para esto a preparación física, masajes y a todo consumo dietético que lo vuelve hedónico y subjetivado [26]. El cuerpo se transforma en un instrumento de subjetivación, marcándolo para sentirlo único y reciclándolo con operaciones estéticas [7]. Por ende, al cuerpo dentro de la algofobia, se le da un culto y goce especial, siendo este positivo, pero a la misma vez hipersensible al esfuerzo y al dolor [16].

  2. Anulación del dolor y división de lazos sociales: fomentado por un individualismo donde la solidaridad se diluye y el sufrimiento se entiende como un fracaso personal [27]. En este punto, el malestar emocional se silencia y se llega a interiorizar, lo que tiene como resultado la soledad y desesperanza, abriendo paso a estados depresivos que se van intensificando con el tiempo [28,29]. Es así como la prioridad de la positividad obliga al individuo a alcanzar su propia felicidad y placer, acallando el dolor [30]. Con ello, se renuncia a un sentido de vida auténtico y a la construcción de verdaderos lazos sociales [3]. Responsable de su propio éxito, el individuo en la algofobia se plantea la promesa efímera de triunfo y empoderamiento personal, sin sufrimiento y atomizado. Es así como los dolores mudos, que esconden el dolor humano, se hacen más presentes como síntomas de soledad, narcisismo y egoísmo [30].

  3. Experiencias intensas o de disfrute paroxístico: estos síntomas se encuentran en experiencias intensas que buscan despertar a la persona de una vida anestesiada por el rechazo del dolor. Byung-Chul Han refiere que el consumo de drogas, el autolesiones, la violencia y los deportes extremos son mecanismos de sobrecompensación a un cuerpo y alma anestesiados del sufrimiento humano [16]. Con ello se refleja la necesidad de estimulantes para sentirse vivos y despertar del hastío [13] que dejan el posmodernismo y el nihilismo contemporáneo.

Hipocondría emocional

La hipocondría emocional es otra característica de los síntomas paraclínicos que se puede reportar dentro de las nuevas neurosis posmodernas. Cabanas e Illouz definen dentro de la hipocondría emocional a sujetos preocupados por sí mismos y su felicidad, centrándose en gestionar adecuadamente sus emociones y capacidades [19]. El automonitoreo constante hacia el propio yo y la preocupación excesiva por estar bien emocionalmente retroalimentan esa hipocondría que genera preocupaciones obsesivas y ansiedad que se subsana con las denominadas mercadotecnias psicoterapéuticas a través del consumo de productos de ayuda emocional [23] como el coaching ontológico, los manuales de autoayuda y las nuevas promesas de disciplinas como yoga, reiki, entre otras, que combaten la llamada negatividad o toxicidad emocional [22], por una positividad de autenticidad y de reinvención constante. Esto genera individuos adeptos a las mercadotécnicas psicoterapéuticas, ya que la autorrealización personal no acaba nunca.

Depresión narcisista

Este tipo de depresión es una enfermedad narcisista que se caracteriza por una relación patológica entre el yo y la lógica del rendimiento y éxito [28]. Asimismo, esta perturbación de la sociedad del rendimiento refleja la fatiga del yo bajo estándares de su ideal del yo, inconcluso por la exigencia deliberada de producción constante [31]. Este malestar sociógeno, también llamado depresión del éxito, explica cómo el abatimiento no proviene por un fracaso relacional con el mundo, sino de un esquema constante de autoafirmación sobre el propio ego [28], generando la violencia de una autoagresión del yo contra sí mismo por el vacío de acontecimientos de relaciones objétales significativas [32]. En este punto cerrado, los individuos se ven aislados en una confirmación interminable de su propio yo, sin acceso a anécdotas o experiencias que los puedan transcender [25].

Dentro de los síntomas de esta depresión narcisista, podemos vislumbrar a dos que son: la fatiga por la sobrecarga del yo y los estándares de éxito e ideales irrealizables. Ambos son parte de las ideologías posmodernas que enfatizan la autoseducción del propio individuo para su constante e interminable autorrealización. Se trata de una utopía que evoca un malestar propio de un inconsciente colectivo símil al mito de Sísifo.

La fatiga es el primer síntoma en la depresión del éxito, ya que el individuo, sobrecargado de sí mismo, aspira a una superación constante [31], llevándolo a un agotamiento propio de una sociedad del cansancio [32]. En consecuencia, los individuos permanecen en sus ideales del yo para alcanzar una felicidad que nunca llega o es muy efímera, teniendo que construirse continuamente en una autorrealización y actualización que nunca acaba [22]. La fatiga en la sociedad del cansancio se caracteriza por una frustración y ansiedad constante, ya que la tarea del éxito se mantiene inacabable.

Por otro lado, la violencia neural es frecuente en una sociedad de positividad, dada en un exceso de rendimiento que genera fatiga, hiperactividad y trastornos que afectan al ánimo [20]. Estas características no solo se dan en la autorrealización constante del individuo, sino también en su sentido lúdico, ya que los dispositivos que utiliza para distraerse o jugar lo someten a siempre estar ocupado, produciendo o actualizándose constantemente.

Byung-Chul Han denomina síndrome de fatiga informacional a las grandes cantidades de información que actualmente tiene que procesar el sujeto de rendimiento [33]. Esta psicopolítica de infomanía o exceso de información efímera y rápida que consumen los individuos en la posmodernidad para distraerse, jugar o estar siempre actualizados, genera nomofobia y FOMO (por sus siglas en inglés Fear of Missing Out). Ambos fenómenos los esclavizan inconscientemente por autoseducción a nuevas formas posmodernas de adicción. La fatiga que se experimenta también en tiempos de descanso en relación a la diversión o actualización en red repercute en un cerebro agotado que el psicólogo Daniel Goleman reporta como un exceso de atención a múltiples tareas, divagando la mente en muchos estímulos sin tener un punto fijo de atención [34]. El exceso de oxigenación y sangre requerida actualmente con los móviles y el consumo de información constante hace que el encéfalo requiera más de un 20% de estos elementos (estándares normales) para concentrarse. Ello redunda en que las actividades simultáneas y el entretenimiento estén dados en multitasking [20], donde la persona atiende a más de una actividad en paralelo, Así se configura una psicopolítica de personas egocéntricas, agotadas, hiperactivas y estresadas en un mundo de actualización y consumo constante para la autorrealización.

El segundo síntoma está referido a los estándares de éxito e ideales irrealizables que constantemente giran en nuevas y más altas expectativas de una sociedad del consumo. Sanabria Galvis refiere al respecto que “la dinámica negativa del deseo nos lleva a la insatisfacción y la melancolía. Una vez alcanzado el objeto del deseo, no es suficiente, aparecerá otro objeto de deseo nuevo, cada vez más lejos, más inalcanzable” [30]. Aquí la frustración y la depresión constituyen el proceso final de esta dinámica de deseos. Ser sujetos preocupados por encontrarse a sí mismos (hipocondría emocional), así como por ser reconocidos por los demás, se convierten en tareas inalcanzables para el individuo, generando una hiperintención de la felicidad. Esta hiperintención se produce por una voluntad de poder y placer [35], que atrofia una voluntad de sentido, que se da en el olvido de sí mismo, hacia la entrega de una tarea o personas [36]. La depresión narcisista constriñe el campo de los valores axiológicos del sentido de autotrascendencia, por una búsqueda primaria de sensaciones satisfactorias y de bienestar personal. De esta forma, los valores vitales con predominancia en lo corpóreo [37] y la autogratificación psicológica se erigen como la finalidad de un campo axiológico reducido a lo sensible y neurótico por su propia hiperintención de alcanzar la felicidad y bienestar.

Una de las consecuencias de los estándares de éxito e ideales irrealizables se da en la dimensión tecnológica. El flujo constante de informaciones ha convertido al sujeto en un producto de consumo, donde el reconocimiento externo se vuelve una necesidad imperativa. En este nuevo entorno digital, el individuo se autoexplota buscando el reconocimiento, en una lógica de rendimiento personal que se enmascara como libertad [38]. Esto mantiene como consecuencia una sensación de soledad y vacío en la vida afectiva [39,40] en las sociedades posmodernas.

Neurosis posmodernas metaclínicas

Desde un ámbito metaclínico, se estudia la dimensión noética o espiritual y las dudas por el sentido de la existencia, que puede convertirse según Víctor Frankl en neurosis noógenas.[9]. En este tipo de neurosis podemos observar síntomas noopatológicos [41] como desesperanza, abatimiento emocional, sentimientos de soledad y hastío, derivados de una crisis existencial (frustración del sentido) que aqueja a la posmodernidad por la falta de paradigmas o creencias que solidifiquen un propósito vital y de valores. Por consiguiente, el ser humano en esta época siente más ansiedad e incertidumbre, moviéndose por un caos constante [42] conformado por una masificación de ideologías sociales contemporáneas que acallan la verdadera consciencia sobre el sentido de vida.

Neurosis noógena

Las preguntas o dudas sobre el sentido de la existencia no deben ser consideradas algo patológico, ya que el reflexionar sobre el sentido vital es un acto humano consciente, según Víctor Frankl [12]. Pero cuando esta búsqueda se frustra, se puede producir una neurosis de tipo noógena, que se señala como desesperanza y una sensación de falta de sentido. Frankl [9], refiere que “se trata de un neuroticismo específico, a saber, la neurosis noógena, la cual se deriva etiológicamente del sentimiento del absurdo, de la duda de que la vida tenga un sentido, de la desesperación de que exista en absoluto tal sentido” [9].

De acuerdo con Baron y Kohnen (2023), este problema se llega a evidenciar cuando los sujetos muestran conflictos en su bienestar emocional, por una falta de dirección o sentido vital [43]. Pero esto no se debe patologizar o confundir con una problemática social de salud mental, ya que especialmente en adolescentes y jóvenes que se encuentran en una etapa de formación, identidad y propósito, estas experiencias de vacío existencial y frustración son comunes [14] hasta encontrar un verdadero propósito vital frente a su problemática existencial. Ejemplo de ello es el caso de adolescentes con lesión medular en Brasilia, quienes descubrieron como parte de su frustración existencial por las condiciones de su enfermedad, un grado de independencia y toma de decisiones como recurso espiritual de fortaleza ante las adversidades [44].

La neurosis noógena puede ser positiva en el ámbito socioafectivo y de madurez personal, porque busca el significado más profundo para seguir viviendo plenamente a pesar de las condiciones o adversidades que cada ser humano tiene que afrontar. Entonces, detectar dicha frustración o neurosis noógena permite conocer “el logro interior de sentido o su negación” [43], teniendo en consideración la relación hacia la apertura de los valores de autorrealización con el mundo y los demás.

El ser humano que sufre por alguna crisis existencial no debe ser observado solo desde un plano de alteración biológica o psíquica. En este contexto, Rocamora refiere que “la logoterapia no investiga el porqué de la enfermedad, sino que más bien se interesa por la actitud que la persona tiene ante la dolencia morbosa” [45]. En este punto, el sufrimiento se tiene que ver como una oportunidad para encontrarle sentido a la vida, en lugar de solo patologizarla. Dadas las condiciones sociales de la posmodernidad y la negación del ser ontológico que acompaña a esta corriente, este fenómeno forma cada vez más parte de una problemática de psiquiatrización [14] por su similitud con síntomas de la depresión o angustia como la desesperanza, el sentimiento de vacío, el sentimiento de culpa, la tristeza o el miedo a morir, entre otros.

Nihilismo masificado

El nihilismo masificado se configura como ausente de fundamentos de valor y trascendencia. La vida se convierte en un absurdo por la finitud de la mortalidad humana. Ese mismo absurdo que planteaba Albert Camus en sus obras, rige como un nuevo modelo posmoderno de pensamiento masificado [46]. Las ideologías posmodernas tratan de dar sentido al sentimiento de absurdo a través de nuevos valores de optimización de la vida y felicidad constante, que se convierten en una quimera. Los valores como el consumismo y hedonismo a corto plazo, el poder del dinero y estatus, entre otros, son entregados a través de ideologías como el cientificismo y el capitalismo, enraizado como germen en el nihilismo contemporáneo [47]. Estos privilegian la hiperproducción, la seducción fetichista de las cosas, el desear constante y tecnicismo de lo aditivo [48] sobre el entendimiento ideográfico y noético de las personas. Se pierde toda narración como ontología del ser [49], dando paso a la positivización (cuantificación y rendimiento constante) del individuo dentro de la sociedad posindustrial.

La apertura a una sociedad de la producción, la optimización de la vida, la inmediatez y la positivización [45,47] trae consecuencias noopatológicas como la soledad, desidia, desesperanza y vacío, aunado a un sentimiento de lo absurdo de la vida [46,48,50] propio de nihilismo contemporáneo. El sentimiento de soledad, por ejemplo, que se vive en sociedades posmodernas, también se manifiesta en una hipercomunicación vacía a través de un panóptico digital que tiene una ausencia de la narración como acontecimiento de significado del otro como sujeto [21,49,50]. La desidia y desesperanza surgen bajo la subjetividad agenésica, término añadido por Romero [48] para referirse a sujetos de la hipermodernidad, con dificultades para proyectarse al futuro, ensimismados con una continuidad fatídica, en un siempre presente [48]. Asimismo, las características de esta subjetividad agenésica son la paranoia, siendo la violencia de un ritmo acelerado de la sociedad que genera un sentido de competencia, hostilidad y egoísmo propio del individualismo que engendra el nihilismo [48,50].

La subjetividad agenésica también se manifiesta en el vacío o la angustia existencial, como otro rasgo noopatológico, derivado por la progresiva pérdida de los fundamentos esenciales de valores y tradiciones que daban seguridad a las personas [11,47]. Las consecuencias de este vacío existencial son una crisis del sentido de vida y un desaliento vital que angustia hasta la depresión [50,51]. Pero esta característica noopatológica, no tiene su origen en lo psicológico u orgánico, sino en la dimensión noética, donde el absurdo de la vida se entiende por un nihilismo masificado como ideología extendida en Occidente. Esto se precisa para diferenciarlo de la neurosis noógena, dado que esta tiene un carácter no patológico, ya que las preguntas existenciales y la frustración que se puede sentir están en la naturaleza consciente del ser humano. El pensamiento nihilista masificado niega a estas preguntas y respuestas su veracidad e importancia por encontrarlo absurdo y vacío, como una forma patológica de la vida. Aquí es donde los individuos acallan su sentido y adoptan una experimentación constante de la vida, sin compromiso, autotrascendencia, vocación, valores, historia, moral y religión [46,47].

El futuro de la salud mental respecto a las neurosis posmodernas

Para Mark Fischer la salud mental actualmente es reduccionista al descontextualizar su problemática a un modelo privatizado e individual [52]. Es así como se atiende a un sujeto aislado dentro de su sociedad, con determinantes psicobiológicos o familiares, pero sin atender a las estructuras sociales y existenciales que llevan a nuevas patologías de la época como son las neurosis paraclínicas y metaclínicas [9]. Con esto, la salud mental integral debería tener también un estudio en los determinantes de los sistemas sociales, conociendo así los factores ideológicos y causas culturales [53] que conlleva a patologías neuróticas en las masas.

Partiendo de un enfoque logoterapéutico en un contexto actual como la posmodernidad, la salud mental también tendría que dirigirse a una psicoterapia rehumanizada, como refiere Víctor Frankl [54], siendo esta orientada a construir, descubrir y sostener un sentido de vida como parte de una terapéutica existencial de prevención ante las neurosis descritas [55]. Asimismo, para orientar la proyección hacia una atención de nuevas políticas públicas de salud que ayuden a disminuir o prevenir las neurosis posmodernas, es preciso que se reconozca que las estructuras sociales e ideológicas conllevan a patologías propias de la época.

Proporcionar una clasificación de índole metaclínica y paraclínica de las neurosis posmodernas, puede ayudar a reconocer sus causas, consecuencias y profundizar cada vez más en el estudio de sus síntomas. Con ello, es posible identificarlos y darles atención con políticas públicas y de salud mental que lleven a la prevención e intervención más precisa de este tipo de neurosis . Ello cobra especial relevancia, dado que hasta el momento no se hallan dentro de los manuales diagnósticos.

Considerando esta postura de estudio y clasificación en un futuro, se facilitaría la comprensión del malestar psicológico contemporáneo como el tratamiento en la práctica clínica. Con ello, deja de ser solo teoría y adquiere un valor en la práctica. En una consulta psicológica donde se pueden observar quejas de ansiedad continua por estar bien emocionalmente, estados de depresión por no alcanzar el éxito laboral y una sensación imprecisa de vacío, puede llevarnos a indagar su etiología y clasificación en fuentes sociales-ideológicas o existenciales. Actualmente, en múltiples escenarios, este sufrimiento suele intervenirse desde un nivel sintomático [56], descuidando los factores socioculturales y existenciales implicados. Bajo esta propuesta de clasificación, podría explorarse como parte de una neurosis paraclínica, ligada a la propia presión por el rendimiento laboral o la exigencia de éxito social en un sistema cultural individualista [57].

En esta instancia, la intervención puede centrarse en la psicoeducación, el análisis de los mandatos sociales del éxito impuesto y el fortalecimiento de una postura reflexiva ante el sufrimiento, evitando clasificarlo o etiquetarlo como una patología clínica convencional. Sin embargo, si en el proceso terapéutico surgen vivencias intensas de vacío por falta de sentido, el abordaje exigiría una comprensión metaclínica del sufrimiento.

En este punto, la intervención clínica trasciende lo sintomático y se centraría en incentivar la capacidad del individuo para elaborar un sentido frente a la adversidad y al dolor. Esto es particularmente notorio en los contextos de desorientación existencial que caracterizan a la modernidad tardía [58]. Es así como siguiendo los fundamentos de la logoterapia, se podrían dar intervenciones más sensibles y ajustadas a la complejidad del sufrimiento psicológico, sin reduccionismos sintomatológicos de otra índoles.

Conclusiones

Las neurosis posmodernas surgen a partir de ideologías contemporáneas. Estas, según nuestro análisis, se fundamentan en tres vertientes reportadas en la literatura académica: la posverdad como discurso irracional, la psicopolítica como autoseducción narcisista para el consumo constante y la ultraseguridad emocional que busca censurar con políticas paliativas el sufrimiento como narración humana. Desde este fundamento, las ideologías posmodernas proliferan en la subjetividad y centramiento de un yo egocentrista, dando paso a las neurosis posmodernas que se conciben desde un factor ideológico denominado por la logoterapia como paraclínico, por ser parte de una etiología sociógena o de malestar social.

Las neurosis paraclínicas descritas como la algofobia, la hipocondría emocional y la depresión narcisista, son parte de las ideologías subjetivistas y del yo egocentrista que prolifera en las masas posmodernas. Estas se basan en una represión y negación del sufrimiento humano como discurso y significado en la algofobia, en la proliferación de obsesiones, y ansiedad para una optimización de la vida emocional en la hipocondría emocional. A ellas se suman los estándares de ideales de éxito competitivo, que promueven agotamiento y abatimiento en la depresión narcisista.

Nuestro análisis también se centró en las neurosis metaclínicas que abordan la dimensión noética del ser humano, y que refieren como parte de su estudio a la neurosis noógena y al nihilismo masificado. Estas neurosis son parte no patológica y se manifiestan en preguntas por el sentido de la existencia, que pueden generar frustración, desesperanza, vacío y apatía cuando no se encuentra un propósito vital. Un punto de diferencia entre la neurosis noógena y el nihilismo masificado es que en el primero las personas pueden preguntarse o tener dudas sobre el propósito de su existencia, pero cuando se vive en una forma de pensamiento nihilista, la concepción de vida es ya una respuesta de un absurdo y sinsentido a priori.

Por último, los aportes y debates futuros que se pueden ir construyendo sobre las neurosis posmodernas pueden fortalecer un nuevo campo de estudio dentro de la salud mental y la psicología social. Esto responde a nuevas razones en su etiología, como las estructuras ideológicas y existenciales que conllevan a un malestar social.