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Impacto del cateterismo vesical intermitente limpio en calidad de vida y consumo de recursos en pacientes con lesión medular y complicaciones urológicas: revisión narrativa

Impact of clean intermittent catheterization on quality of life and resource utilization in patients with spinal cord injury and urological complications: A narrative review

Resumen

Objetivo Sistematizar la evidencia internacional sobre el impacto del cateterismo vesical intermitente limpio en la calidad de vida y el consumo de recursos de los pacientes con lesión medular y complicaciones urológicas. Su propósito es sustentar una revisión de la estrategia que traslada la carga financiera del cateterismo a las familias en Chile.

Métodos Revisión narrativa que empleó la base de datos MEDLINE/PubMed y literatura gris publicada entre 2014 y 2025, en español e inglés. La pregunta de investigación se articuló mediante la estrategia población, concepto y contexto. Se aplicaron dos algoritmos de búsqueda combinando términos MeSH, palabras libres y booleanos. El tamizaje se realizó en tres etapas sucesivas (título, resumen y texto completo), con resolución por consenso de un segundo revisor ante casos de duda.

Resultados Tras tamizar 880 referencias, 65 estudios cumplieron los criterios de inclusión. Los hallazgos se organizaron en cinco dimensiones: calidad de vida del paciente, calidad de vida del cuidador, infecciones del tracto urinario, consumo de recursos y modelos de cuidados emergentes. A partir de esta evidencia se construyó un arquetipo del usuario crónico: un hombre de entre 25 y 45 años con lesión medular traumática, usuario de silla de ruedas en más del 67% de los casos, que invierte más de 53 minutos diarios en el cateterismo, presenta una prevalencia de infecciones urinarias superior al 50% (dos tercios con resistencia antimicrobiana) y un 36% de insatisfacción con su calidad de vida urinaria. Además, reutiliza sus catéteres principalmente por razones económicas; el 90% de quienes usaban catéteres reutilizables prefirió cambiar al uso único y el 84% reportó mejoras en satisfacción. Múltiples análisis de costo-efectividad muestran que los catéteres hidrofílicos de un solo uso son estrategias costo-efectivas o dominantes en países de altos ingresos. Los cuidadores (en su mayoría madres o parejas) reportan formación insuficiente, restricción social y dificultades laborales que el sistema no acompaña.

Conclusiones El acceso a insumos adecuados para el cateterismo, combinado con educación estructurada y continuidad de cuidados para pacientes y cuidadores, mejora la calidad de vida, reduce las complicaciones urinarias y es costo-efectivo. La política chilena actual de trasladar la carga financiera del cateterismo a las familias es inconsistente con la evidencia internacional disponible.

Ideas clave

  • En Chile, ningún régimen de financiamiento público cubre los insumos para el cateterismo vesical intermitente limpio, trasladando la carga financiera a pacientes con lesión medular que ya enfrentan una alta carga clínica, funcional y social.
  • Esta revisión narrativa sintetiza 65 estudios internacionales y propone un arquetipo del usuario crónico que integra dimensiones clínicas, sociales, económicas y del cuidador en un perfil coherente y accionable para el diseño de políticas.
  • La escasez de datos específicos para Chile y América Latina obliga a extrapolar evidencia de contextos de mayor desarrollo institucional, limitando la aplicabilidad directa de las estimaciones de costo-efectividad.

Introducción

Las lesiones medulares constituyen un problema de salud pública de relevancia creciente, tanto a nivel global como en Chile. La actualización del mapa global de la epidemiología de lesiones medulares traumáticas (2011) estima una tasa de incidencia de aproximadamente 25 casos por millón de habitantes en América Latina sur [1]. Una revisión sistemática de 229 estudios mundiales estimó una tasa de incidencia global de 23,77 por millón de personas, con variaciones según tipo: 26,48 por millón para las lesiones traumáticas y 17,93 por millón para las no traumáticas [2]. Para Chile se ha estimado una prevalencia de 104 732 personas con lesión de médula espinal en 2016 [3], mientras que otras estimaciones sitúan la cifra en 45 000 casos para 2019 [4]. La condición afecta predominantemente a hombres (aproximadamente el 78% de los casos) con una distribución etaria bimodal: un primer máximo en adultos jóvenes y un segundo en mayores de 60 años [5].

Una consecuencia frecuente y clínicamente determinante de las lesiones medulares es la disfunción neurógena del tracto urinario. Esta compromete la capacidad del paciente para vaciar la vejiga voluntariamente y origina la indicación de cateterismo vesical intermitente limpio, procedimiento que permite vaciar la vejiga mediante la inserción de un catéter a través de la uretra [6]. La proporción de personas con lesión medular que lo requiere oscila entre 38,7 y 60%, según el contexto y sistema de salud [7,8,9].

El cateterismo vesical intermitente limpio es reconocido internacionalmente como el estándar de manejo de la disfunción neurógena del tracto urinario inferior, dado que se asocia a menores tasas de infecciones del tracto urinario y trauma uretral frente al catéter permanente [10,11]. Sin embargo, su correcta implementación exige acceso sostenido a insumos adecuados, educación del paciente y su cuidador, y entornos que permitan la realización del procedimiento de forma autónoma y digna. En Chile, ningún régimen de financiamiento público (ni el sistema de Garantías Explícitas en Salud, GES, ni el Fondo Nacional de Salud, FONASA) cubre actualmente los insumos necesarios. Esta brecha obliga a una proporción importante de pacientes a reutilizar los catéteres o a costearlos directamente, lo que afecta su calidad de vida, genera gastos de bolsillo significativos, y produce complicaciones de alto costo para la red pública asistencial.

Este estudio tuvo por objetivo sistematizar la evidencia internacional disponible sobre el impacto del cateterismo vesical intermitente limpio sobre la calidad de vida, el consumo de recursos de los pacientes con lesión medular y complicaciones urológicas, junto con construir un arquetipo del usuario crónico. Los resultados buscan sustentar una revisión de la estrategia actual que traslada la carga financiera del cateterismo a las familias en Chile.

Métodos

Se llevó a cabo una revisión narrativa, para la cual se formularon dos preguntas de investigación de acuerdo con la estrategia población, concepto y contexto (PCC). Esta se definió como:

  • Población: pacientes adultos con lesión medular y complicaciones urológicas con uso regular de cateterismo vesical intermitente limpio.

  • Concepto: impacto en calidad de vida e impulsores de gasto.

  • Contexto: cuidados domiciliarios y manejo ambulatorio.

La búsqueda exploró MEDLINE/PubMed con dos algoritmos que combinaron términos MeSH, palabras libres y booleanos. El primero cruzando lesión medular y cateterismo intermitente con calidad de vida; el segundo combinando la patología con descriptores de costos y carga económica para responder las siguientes dos preguntas de investigación: ¿Cuál es el impacto en calidad de vida asociado al cateterismo vesical intermitente limpio en pacientes con lesión medular y complicaciones urológicas? ¿Qué consumo de recursos (drivers o impulsores de gastos) se señalan en las guías nacionales e internacionales para el manejo del cateterismo vesical intermitente limpio en pacientes con lesión medular y complicaciones urológicas? (Material Suplementario 1).

Se restringió la búsqueda a trabajos publicados entre 2014 y 2025, con texto completo disponible, en español e inglés, excluyendo pre-impresiones y artículos centrados exclusivamente en mecanismos farmacoterapéuticos. Se aplicó además una estrategia de bola de nieve e inclusión de literatura gris para controlar los sesgos de publicación, selección y observación. El tamizaje se realizó en tres etapas sucesivas (título, resumen y texto completo) con resolución por consenso de un segundo revisor ante casos de duda. La extracción de datos se realizó mediante una planilla estandarizada que recogió: autor, año, país, diseño, población, tamaño muestral y principales hallazgos por dimensión. La evaluación de calidad metodológica no forma parte del diseño de este trabajo.

Se articuló la evidencia en cinco dimensiones: calidad de vida del paciente, calidad de vida del cuidador, infecciones del tracto urinario, consumo de recursos en el sistema de salud y modelos de cuidados emergentes. Las dimensiones anteriores responden al primer tamizaje de la evidencia que apuntaban en estas líneas, incluyendo la posibilidad de categorías emergentes como parte del proceso iterativo del método.

Se construyó un arquetipo mediante la técnica de "personas", originada en el diseño de interacción [12] y adoptada por el diseño de servicios [13,14], en su variante de "persona basada en literatura", que sintetiza evidencia secundaria en lugar de datos primarios [14]. Se agregaron los atributos clínicos, sociales, económicos y del cuidador reportados de forma recurrente en los 65 estudios, priorizando los hallazgos respaldados por más de un estudio independiente [14]. Esta adaptación no incluyó validación directa con pacientes o clínicos.

Resultados

Se identificaron 880 referencias, de las cuales 65 cumplieron los criterios de inclusión (Figura 1) [15]. Un 53,8% de los estudios incluidos fueron publicados entre 2020 y 2025, 38,5% entre 2015 y 2019, y 7,7% en 2014. Geográficamente, América (fuertemente impulsada por Estados Unidos y Canadá) representa mayor volumen (44,6%), seguida por Europa (32,3%), Asia (15,4%), Oceanía (6,2%) y África (1,5%). La mayoría corresponde a diseños descriptivos o analíticos (29,2%), seguidos por ensayos clínicos (21,5%), revisiones de evidencia (21,5%), estudios cualitativos o de intervención comunitaria (15,4%), evaluaciones económicas (9,2%) y consensos clínicos o guías (3,1%). La distribución detallada se muestra en la Tabla 1.

Diagrama de flujo basado en PRISMA-ScR para la selección de estudios.

PCC: población, concepto y contexto. PRISMA-ScR: Preferred Reporting Items for Systematic Reviews and Meta-Analyses for Scoping Reviews.
Fuente: elaborado por LENZ Consultores (2025).
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Caracterización de la evidencia incluida por año, región geográfica y tipo de publicación.
Ver tabla

Calidad de vida del paciente

Los problemas urinarios constituyen una de las principales dificultades reportadas por las personas con lesión medular y tienen un impacto significativo en la calidad de vida [16]. Un estudio coreano con 169 pacientes evidenció que, si bien el cateterismo intermitente fue el método más recomendado por médicos (47%), cerca del 50% de los pacientes no lo seguía, principalmente por limitaciones económicas (22%) y falta de cuidador (14%); el 43% reportó usar pañales, 21% condones o bolsas plásticas para contener la orina y el 63% requería tratamiento farmacológico por complicaciones urinarias [16].

La satisfacción con la calidad de vida urinaria es baja. En una cohorte norteamericana de 753 pacientes con cateterismo intermitente limpio, 36,1% declaró insatisfacción, asociándose significativamente con el sexo femenino (Odds ratio: 1,63; intervalo de confianza 95%: 1,15 a 2,31), lesiones más recientes (p significativo), cuatro o más infecciones urinarias por año (Odds ratio: 2,36; intervalo de confianza 95%: 1,47 a 3,81) y disfunción intestinal severa (Odds ratio: 1,42; intervalo de confianza 95%: 1,02 a 1,98) [17]. La carga del cateterismo se extiende a la vida nocturna: el 42% de los pacientes en un estudio belga con 79 participantes requería cateterizaciones nocturnas, con peor calidad de vida (medida con el cuestionario SF-36) en pacientes parapléjicos frente a no-parapléjicos [18]. La transición desde incontinencia hacia cateterismo intermitente tiene un efecto positivo documentado. En un estudio eslovaco, los años de vida ajustados por calidad aumentaron de 9,02 a 17,45 tras seis meses de seguimiento, con una reducción simultánea del 38,5% en la incontinencia urinaria (p < 0,01) [19].

Las barreras prácticas también impactan significativamente la autonomía y la vida social. Los principales obstáculos son falta de acceso a baños adecuados fuera del hogar [20], dificultad para organizar el procedimiento durante el día [21], y escasa disponibilidad de baños accesibles para sillas de ruedas [22]. Un estudio español reportó que el 98% de los encuestados sentía cohibición al autocateterizarse y el 16% evitaba visitar familiares o amistades [23]. El tiempo promedio dedicado al procedimiento es de 53,4 minutos diarios [22].

Las mujeres reportan mayores dificultades técnicas, cuando usan silla de ruedas o requieren asistencia de un cuidador [22] el tiempo de cada sondeo asciende a 20 minutos, frente a promedios de 8,2 minutos en mujeres autónomas y 8,8 minutos en hombres [24]. Más del 40% de los pacientes presenta limitaciones motoras en extremidades superiores que dificultan la autonomía procedimental [22,25].

El tipo de catéter incide en la calidad de vida. La frecuencia de cateterismo se sitúa entre cuatro y seis veces diarias [26,27], con riesgo documentado de traumatismos uretrales por uso inadecuado de catéteres y lubricantes [27]. Es importante reconocer que la experiencia entre grupos de pacientes varía. Por ejemplo, un estudio japonés reportó que 6,3% debía cateterizarse más de nueve veces diarias con más de 20 minutos por cateterización [28]. En un ensayo clínico danés, al cambiar de catéteres de un solo uso a reutilizables se observó una disminución del 28% en el puntaje de calidad de vida (p < 0,001); el 90,9% expresó preferencia por volver a los de un solo uso [29]. Al cambiar a catéteres hidrofílicos se observan mejoras clínicas y alta satisfacción general (84,1%) [30], mientras que la reutilización que implica el uso adicional de lubricante y cuidados de embalaje transitorio, impactan negativamente la calidad de vida [31].

Los factores emocionales y educativos también condicionan la calidad de vida. El desconocimiento técnico, la vergüenza, el dolor, la sensación de pérdida y los estigmas negativos dificultan la ejecución correcta, especialmente en mujeres [22,32]. En tanto el lenguaje claro, el material educativo comprensible y la enseñanza práctica del procedimiento, favorecen el aprendizaje y la seguridad del paciente [32,33]. Entre los principales obstáculos para lograr la cateterización autónoma se encuentran la resistencia del paciente o cuidador, equipos inadecuados, experiencias previas negativas y la discapacidad intelectual moderada a severa [22,34]. En Estados Unidos, solo el 48,1% de los profesionales de enfermería incluye un familiar o cuidador al enseñar la técnica [35].

Calidad de vida del cuidador

La carga de los cuidadores es una dimensión poco visibilizada, pero de gran relevancia clínica y social. Un estudio turco identificó que 100% de los cuidadores pediátricos eran madres, y que, aunque el 76,2% recibió entrenamiento técnico, el 78,6% lo consideró insuficiente, debiendo recurrir a la autoexperimentación. Además, ninguna recibió formación de enfermeras ni seguimiento domiciliario tras el alta hospitalaria [36]. Un estudio cualitativo evidenció que la mayoría de los cuidadores desconocía la técnica antes de usarla y se sintió sola, sin apoyo incluso de sus parejas [37]. La mayoría señaló restricción de su vida social [37] y dificultades laborales, aunque educar a los empleadores facilitó la continuidad laboral [38]. La ansiedad también se manifiesta frecuentemente. Sari & Demirbağ [36] documentaron mayor ansiedad en cuidadoras cuyos hijos presentaron tres o más infecciones de tracto urinario en el último trimestre (p < 0,05) [36].

Infecciones del tracto urinario

Las infecciones del tracto urinario constituyen la complicación más frecuente en personas con disfunción neurógena del tracto urinario inferior [39]. No existe consenso sobre cómo debe limpiarse un catéter entre usos ni cuántas veces puede reutilizarse [40]. El cateterismo vesical intermitente se asocia con tasas más bajas de infecciones de tracto urinario que el catéter permanente [10]. En pacientes con lesión medular que se cateterizan intermitentemente, se estima una prevalencia superior al 50% para estas infecciones sintomáticas y del 10% para asintomáticas [41]. Un estudio basado en una gran cohorte estadounidense reportó que, durante el primer año post-diagnóstico el 31,3% presentó infecciones de tracto urinario baja y el 1,7% alta, cifras que ascendieron al 36,4% y 2,2% en el subgrupo con lesión medular. Asimismo, el 66,6% de los cultivos de dichas infecciones sintomáticas mostró resistencia a múltiples fármacos [41,42]. Elliott et al reportaron una tasa de infecciones de tracto urinario del 70% con 1,63 episodios por año y un riesgo de hospitalización 5,73 veces mayor ante cinco o más episodios anuales [9]. El período previo al inicio del cateterismo concentra alta carga infecciosa que disminuye progresivamente, con una línea basal de 9,4 infecciones de tracto urinario sintomáticas anuales por paciente y un 22,84% de estas infecciones de tipo febriles que requirieron hospitalización [43,44]. Las principales complicaciones asociadas son la disrreflexia autonómica, presente en el 91% de personas con tetraplejia completa [45], y la estenosis uretral en el 4,2% de los pacientes [46].

El tipo de catéter influye en la incidencia de infecciones de tracto urinario [47]. Las guías de la Asociación Americana de Urología sugieren el uso de catéteres hidrofílicos dada su asociación con menor riesgo de infecciones y trauma uretral [11]. Un estudio con 1000 pacientes en Arabia Saudita evidenció tasas anuales de infecciones de tracto urinario sintomática significativamente mayores en catéteres sin recubrimiento (79,6% versus 46,6%) [48]. Revisiones sistemáticas confirmaron un menor riesgo de infecciones de tracto urinario con catéteres hidrofílicos (riesgo relativo = 0,84; intervalo de confianza 95%: 0,75 a 0,94; p = 0,003) [49], con menor trauma uretral y mayor satisfacción [11,50]. De Ridder et al mostró que el 82% de los usuarios de catéteres de policloruro de vinilo (PVC) experimentó infecciones de tracto urinario, frente al 64% de usuarios de hidrofílicos (p = 0,02) [51], y en un ensayo multicéntrico el puntaje del Cuestionario de Autocateterismo Intermitente (ISC-Q, del inglés Intermittent Self-Catheterization Questionnaire) aumentó significativamente al cambiar a catéteres hidrofílicos desechables (58,0 a 67,2; p = 0,0101), con el 83% prefiriendo continuar usándolos [52].

La evidencia sobre el impacto del tipo de catéter en las infecciones de tracto urinario favorece a los catéteres hidrofílicos desechables, aunque no uniformemente. Li et al concluyeron que el catéter hidrofílico sí disminuye las infecciones de tracto urinario [53], pero la revisión Cochrane de Prieto et al sobre 31 ensayos clínicos no encontró evidencia de asociación entre la incidencia de infecciones de tracto urinario y un tipo específico de catéter [54]. En población pediátrica, Kiddoo et al llegaron a conclusiones similares [55]. La revisión de alcance de Barken & Vaabengaard señala que los hallazgos favorecen en general a los catéteres hidrofílicos, pero la mayoría de los estudios son pequeños, heterogéneos y con altas tasas de abandono [56]. En un estudio con catéteres Nelaton reutilizados, la incidencia de infecciones de tracto urinario fue de 2,29 episodios anuales por paciente, siendo más frecuente en el grupo con detrusor hiperactivo [57]. Esta incertidumbre no invalida la dirección predominante de la evidencia, pero obliga a una lectura cautelosa: cuando el sistema de salud puede costearlos, la evidencia disponible respalda los catéteres desechables [11,29,30,31,50,52,58,59,60,61,62,63]. En contextos de financiamiento limitado, los catéteres reutilizables pueden ser la única alternativa viable. En ese caso, se recomienda lubricar adecuadamente previo a la inserción y utilizar envases monodosis para minimizar la contaminación [60].

La reutilización incrementa el riesgo. La incidencia de infecciones de tracto urinario y trauma uretral pueden alcanzar entre el 70 y 80% en usuarios de catéteres reutilizados frente al rango entre 40 y 60% con desechables [64]. El 44% de quienes reutilizan, lo hacen más de 10 veces [65]. El 50% de los catéteres reutilizables presentó contaminación bacteriana [29] y daño estructural del catéter [48,66].

Consumo de recursos en el sistema de salud

El cateterismo intermitente limpio genera un consumo considerable de recursos sanitarios [39]. En una cohorte norteamericana de 46 271 pacientes con vejiga neurogénica se documentó una prevalencia de infecciones de tracto urinario baja del 31,3%, sepsis del 3,7%, fallo renal del 4,6% y múltiples complicaciones urológicas asociadas [39]. En una cohorte de 1 260 pacientes con lesión medular, 16,7% reportó al menos una hospitalización o consulta a urgencias de causa urológica [67], y las infecciones de tracto urinario explicaron más del 20% de las hospitalizaciones anuales en esta población, donde 21% declaró tener una micción normal, 80% presentó alteraciones en la función vesical, 40% tuvo consultas urológicas en el año y 33% fue hospitalizado [41].

Los costos asociados al tratamiento de las complicaciones infecciosas son significativos. En 2009, cada episodio de infección de tracto urinario atribuible al catéter tenía un costo mínimo de 600 dólares y cada episodio de bacteriemia alcanzaba aproximadamente 2 800 dólares [40]. En 2013, el manejo urinario en lesión medular alcanzaba los 76 dólares mensuales, con el 63% de los pacientes requiriendo tratamiento farmacológico [16].

El costo-efectividad del tipo de catéter ha sido analizado en múltiples contextos. En el Reino Unido, el uso de catéteres hidrofílicos podría prevenir hasta siete episodios de infecciones de tracto urinario por paciente a lo largo de la vida, con una razón incremental de costo-utilidad de GBP 5 755 por año de vida ajustado por calidad ganado [68]. Clark et al demostraron una reducción del 16% en las infecciones durante la vida y un aumento en la sobrevida en 1,4 años, con un costo incremental de GBP 2 100 [62]. En Nueva Zelanda se estimó una reducción del 11% en la incidencia de infecciones de tracto urinario y un aumento del 7% en años de vida ajustados por calidad, evitando 3,8 infecciones simples, 2,1 prolongadas y 1,3 graves que habrían requerido hospitalización [61]. En Japón el razón incremental de costo-utilidad fue de USD 10 578, con 0,334 años de vida ajustados por calidad ganados adicionales [69]. Un modelo canadiense determinó que el cateterismo intermitente limpio de un solo uso representa una estrategia dominante [70]. Desde una perspectiva social, los catéteres hidrofílicos resultan menos costosos y ofrecen mejores resultados en años de vida ajustados por calidad, años de vida reales y número de infecciones [61,63,68,69].

El acceso a insumos de calidad es heterogéneo a nivel internacional. En Europa, solo se reembolsan catéteres desechables con ciertas excepciones; en Canadá, la cobertura está garantizada para beneficiarios de asistencia social, pero no para personas de ingresos bajos o medios [71]. En Estados Unidos, la ampliación de cobertura de Medicare en 2008 hasta 200 catéteres desechables mensuales no se tradujo en una reducción de hospitalizaciones ni mayor uso del cateterismo intermitente [72]. El 35% de los pacientes reutiliza los catéteres por razones económicas [40], y en un estudio norteamericano el 56% los reutilizaba un promedio 20 veces por limitaciones de cobertura [64]. El seguimiento sistemático también representa un consumo relevante. Las guías recomiendan vigilancia vitalicia con análisis de orina bimensual, ultrasonido semestral y evaluación especializada cada uno o dos años [26,41,73]. Bermingham et al recomiendan ofrecer a los pacientes la opción entre catéteres hidrofílicos y de gel [74].

Modelos de cuidados emergentes

El desarrollo de modelos de cuidados emergentes refleja la necesidad de intervenciones que trasciendan la consulta presencial. Una intervención web que combinaba materiales digitales, diario miccional móvil, llamadas con enfermera y foro entre pares mostró un aumento significativo en el manejo autónomo de la disfunción vesical neurogénica (p = 0,032), siendo la ingesta de líquidos el principal cambio referido [33]. Un estudio turco que evaluó un video educativo descargado al teléfono móvil del paciente o cuidador obtuvo puntajes significativamente más altos en habilidades técnicas y autoconfianza (p < 0,001) y una incidencia significativamente menor de complicaciones como dolor, infecciones de tracto urinario, hematuria, incontinencia y estenosis uretral (p < 0,05) [75].

Los programas de acompañamiento estructurado también han demostrado su impacto clínico. Una intervención china con 82 pacientes que incluyó educación, orientación sobre ingesta de líquidos y entrenamiento vesical, aumentó la adherencia al cateterismo del 75,6 al 92,7%, redujo la tasa de infecciones de tracto urinario del 39 al 18,3% y disminuyó las lesiones uretrales del 23,1 al 9,8% [76]. Un programa de apoyo al autocuidado centrado en el paciente redujo en 47% las visitas a urgencias y en 77% las hospitalizaciones (p < 0,05) [77]. La teleenfermería, implementada mediante llamadas de audio, chat y correo electrónico, se posicionó como viable para el apoyo crónico de pacientes en una experiencia brasileña [78]. El Self-Cathing Experience Journal (herramienta web orientada a reducir el estigma y mejorar la comprensión del cateterismo intermitente limpio) demostró en un estudio piloto que puede favorecer la aceptación del procedimiento, mejorar el ánimo y reducir el aislamiento social [79].

Arquetipo del usuario crónico de cateterismo intermitente limpio

Se construyó seleccionando los hallazgos reportados más consistentemente a través de los estudios incluidos, priorizando aquellos respaldados por más de un estudio independiente.

Es un hombre de 25 a 45 años con lesión medular traumática, usuario de silla de ruedas en más del 67% de los casos y con dificultades motoras en sus extremidades superiores en más del 40%. Se realiza cuatro a seis cateterizaciones diarias, invirtiendo más de 53 minutos diarios en el procedimiento. Presenta una prevalencia superior al 50% de infecciones de tracto urinario sintomáticas (con resistencia antimicrobiana en dos tercios de los cultivos), 1,63 episodios anuales, un riesgo de hospitalización 5,73 veces mayor ante cinco o más episodios anuales y un 36% de insatisfacción con su calidad de vida urinaria. El 63% maneja sus complicaciones urinarias con anticolinérgicos, a veces antibióticos. Un 40% consulta al urólogo al menos una vez al año, y un tercio termina hospitalizado por causas urológicas.

El 35% reutiliza sus catéteres por razones económicas y cerca del 50% lo hace más de diez veces. Se enfrenta a baños públicos no diseñados para él: estrechos, sin superficies limpias, a menudo inaccesibles para su silla de ruedas. Se siente cohibido y evita visitar a sus familiares o amigos. Convive con un cuidador (habitualmente su madre o pareja) que aprendió la técnica sin formación formal ni seguimiento, y cuya carga emocional, laboral y social no es abordada por el sistema de salud. Cuando su dependencia del cuidador es alta, no se cateteriza con la frecuencia que debería para no sobre exigirlo.

Discusión

Este trabajo sintetizó 65 estudios publicados entre 2014 y 2025 sobre el impacto del cateterismo vesical intermitente limpio en personas con lesión medular, con el propósito de construir un arquetipo del usuario crónico y contribuir al debate de política pública en Chile. Los hallazgos son consistentes con revisiones previas que señalaron heterogeneidad metodológica y barreras para la autonomía procedimental [47,56], pero la presente revisión amplía ese panorama al incorporar la dimensión del cuidador, la carga económica familiar y el contexto de política pública. Todos estos aspectos han sido escasamente abordados en revisiones previas y particularmente relevantes para países de ingresos medios como Chile.

Los problemas urológicos emergieron, de manera consistente a través de los estudios incluidos, como la principal dificultad de las personas con lesión medular, por sobre otras consecuencias de la condición. La adherencia al cateterismo vesical intermitente limpio dista de ser universal. Un porcentaje relevante de pacientes recurre a pañales o colectores, principalmente por barreras económicas o ausencia de cuidador capacitado. En Chile, donde ningún régimen de financiamiento público (ni el Régimen de Garantías Explícitas en Salud -GES/Acceso Universal con Garantías Explícitas en Salud, AUGE- ni el Régimen de Prestaciones de Salud del Fondo Nacional de Salud) cubre actualmente los insumos para el cateterismo vesical intermitente limpio. Esta brecha adquiere una dimensión sistémica que trasciende las decisiones individuales de los pacientes. No es un problema de adherencia, sino de acceso: el sistema traslada a las familias una carga que, según la evidencia internacional, debiera ser parte de la cobertura del seguro público.

Esta brecha contrasta con el avance normativo chileno en materia de cuidados. La Guía de Práctica Clínica del Ministerio de Salud sobre Rehabilitación en Lesión Medular [80] reconoce que estos pacientes requieren manejo especializado de la vejiga neurogénica tras superar la fase aguda, pero no aborda el financiamiento de los insumos en la fase crónica ambulatoria. El Programa de Atención Domiciliaria para Personas con Dependencia Severa [81] y la Política Nacional de Apoyos y Cuidados 2025-2030 [82] constituyen marcos relevantes que podrían articularse con intervenciones de apoyo al autocateterismo [82]. Sin embargo, su vinculación con los insumos clínicos del cateterismo vesical intermitente limpio permanece como una brecha pendiente.

La dependencia parcial o total de un cuidador (generalmente una mujer, madre o pareja), presente en más del 40% de los casos por deterioro de la destreza manual, es otro rasgo distintivo del arquetipo construido. Los cuidadores aprenden el procedimiento con formación insuficiente, sin seguimiento al alta hospitalaria y sin apoyo de pares. Considerar al cuidador como sujeto de intervención (y no meramente como ejecutor técnico) es un enfoque que la evidencia señala como sistemáticamente insuficiente en los modelos de atención estudiados, brecha que en Chile se agudiza por la ausencia de cobertura de insumos.

En Chile, la ausencia de cobertura de insumos del cateterismo vesical intermitente limpio transfiere al sector público el costo de las complicaciones por estas infecciones (hospitalizaciones, antibióticos, manejo de sepsis). Ellas podrían prevenirse o reducirse con acceso adecuado a catéteres de calidad y educación estructurada, lo que es indispensable considerando que la sintomatología de las infecciones de tracto urinario en la lesión medular difiere de la población general [41,42]. La evidencia revisada apunta a que los catéteres hidrofílicos de uso único se asocian con menores tasas de infección y trauma uretral, y son dominantes o costo-efectivos en múltiples análisis económicos realizados en países de ingresos altos. Aunque la heterogeneidad metodológica impide conclusiones definitivas [54,56], la dirección predominante de la evidencia justifica considerar estos catéteres en pacientes con alta frecuencia de infecciones, donde el beneficio clínico y económico es más claro. Más allá de la tasa estricta de infecciones de tracto urinario en ensayos clínicos controlados, el reúso genera fatiga de material, contaminación por manipulación y microtrauma uretral por la pérdida de lubricación, aspectos reflejados en el arquetipo.

Un aspecto relevante para la política pública no tan visibilizado es la carga social del procedimiento. El paciente invierte sobre 50 minutos diarios en cateterizarse, enfrenta baños públicos inadecuados para su silla de ruedas, siente cohibición al cateterizarse fuera del hogar y restringe sus actividades sociales. Esta dimensión conecta directamente con los objetivos de la Ley N° 20 422 de Igualdad de Oportunidades e Inclusión Social de Personas con Discapacidad [83], que establece la obligación del Estado de garantizar la accesibilidad universal y la participación social de las personas en situación de discapacidad. La ausencia de infraestructura sanitaria accesible no es solo un problema de comodidad. Es una barrera para la realización del cateterismo vesical intermitente limpio y, en consecuencia, para la salud renal y la calidad de vida del paciente.

La producción científica nacional sobre cateterismo vesical intermitente limpio en personas con lesión medular es escasa. Jiménez et al constituyen uno de los pocos antecedentes chilenos documentados [84]. A casi tres décadas de esa publicación, no se identifican estudios nacionales que hayan analizado la carga clínica, económica o social del cateterismo vesical intermitente limpio, ni evaluaciones económicas adaptadas al sistema de salud chileno. Las estimaciones de costo-efectividad disponibles provienen de países de ingresos altos con estructuras de costos que difieren del contexto chileno, por lo que su extrapolación debe realizarse con cautela.

Visibilizar el arquetipo construido a partir de los hallazgos anteriores (un adulto joven, masculino, con una carga clínica, social y económica desatendida por el sistema) permite articular tres ámbitos de acción. Primero, avanzar hacia el financiamiento de insumos adecuados a través del seguro público de salud (sea vía sistema de Garantías Explícitas en Salud, Fondo Nacional de Salud o un programa específico de ayudas técnicas para personas con discapacidad), con el propósito de aliviar el gasto de bolsillo de las familias y reducir las complicaciones por infecciones. Segundo, garantizar capacitación estructurada y seguimiento sostenido para pacientes y cuidadores, incorporando al cuidador como sujeto activo del plan de atención. Tercero, impulsar la adecuación de entornos físicos y laborales que permitan al paciente realizar el procedimiento dignamente fuera del hogar y retomar su participación social, en consonancia con los principios de la Ley N° 20 422 [83] y la Política Nacional de Apoyos y Cuidados 2025-2030 [82].

Limitaciones

No se evaluó la calidad metodológica de los estudios incluidos. La heterogeneidad en diseños, poblaciones y contextos dificulta la comparación directa entre hallazgos. La restricción de la búsqueda a publicaciones en español e inglés pudo excluir evidencia relevante en otras lenguas, particularmente asiáticas. La escasez de datos para Chile y América Latina obliga a extrapolar evidencia desde contextos de mayor desarrollo institucional, limitando la aplicabilidad directa de las futuras estimaciones de costo-efectividad. Finalmente, el arquetipo propuesto constituye una síntesis narrativa y no el resultado de un análisis estadístico formal.

Conclusiones

La evidencia sintetizada en este trabajo permite afirmar que el cateterismo vesical intermitente limpio mejora sustancialmente la calidad de vida de las personas con lesión medular. No obstante, sus beneficios solo se alcanzan plenamente cuando el paciente cuenta con insumos adecuados, educación estructurada y entornos que permitan el procedimiento con autonomía y dignidad.

El arquetipo del usuario crónico construido a partir de 65 estudios internacionales revela una carga clínica, funcional, social y económica que los sistemas de salud (incluido el chileno) no han abordado de manera integral. La evidencia disponible justifica revisar la política de cobertura de insumos. Sin embargo, la literatura indica que esto es insuficiente si no se acompaña de apoyo al cuidador, seguimiento estructurado y condiciones de accesibilidad en el espacio público. Aun así, visibilizar este perfil de paciente es el primer paso para diseñar políticas que estén a la altura de lo que su situación exige.